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CPAC: la 'Covadonga' de Donald Trump para la ‘Reconquista’ del Partido Republicano

Con Trump en la Casa Blanca, sus enemigos se solían autodefinir como 'La Resistencia'. Con Trump fuera de la Casa Blanca, sus seguidores parecen haber lanzado - cada vez con el apoyo más explícito del ex presidente - 'la Reconquista'. Y hoy, en la ciudad de Orlando, en Florida, el 'trumpismo' celebra lo que podría ser denominado como su Batalla de Covadonga en esa 'Reconquista'. Porque, por primera vez, su Pelayo -Donald Trump- se va a dirigir personalmente a ellos y a todo Estados Unidos.

El ex presidente va a entrar en combate con su mejor arma política: los mítines. Trump hablará esta noche -hora de Europa- en el gran encuentro de los conservadores estadounidenses -y, frecuentemente, extranjeros, incluyendo a los líderes de Vox, que estuvieron presentes en la edición de 2020- del Comité de Acción Política Conservadora de EEUU.

En realidad, la comparación con Covadonga no es exacta. El discurso de Trump no va a ser el de un líder acorralado, literalmente, entre la espada y la pared (o los Picos de Europa), como Pelayo en 722. Se trata, más bien, del retorno de un líder en el exilio. No es que Trump haya estado exiliado, desde luego, pero sí que el Partido Republicano ha intentado, sin éxito, meterlo en el 'exilio interior' tras el asalto de sus seguidores al Capitolio, el 6 de enero, en la que murieron 5 personas y más de 300 han sido arrestadas e imputadas por diferentes delitos.

Esos intentos del liderazgo republicano de eliminar a Trump del horizonte político se han estrellado contra el tremendo respaldo que tiene entre la base de esa formación. Esta semana, tanto el 'establishment' como el sector 'anti-Trump' del partido se ha rendido con armas y bagajes al ex presidente. En especial, el 'establishment', con las declaraciones del líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, de que, si Trump es el candidato republicano a la Presidencia en 2024, le respaldará "totalmente".

Porque, a día de hoy, si el ex presidente lanzara un nuevo asalto para ser el candidato republicano al Despacho Oval, tendría éxito con casi total seguridad. Así lo reconoció el jueves uno de los líderes más prominentes del ala 'anti-Trump' republicana, el ex candidato a la presidencia en 2012, Mitt Romney, cuando dijo que "no sé si [Trump] entrará en la carrera para 2024. Pero, si lo hace, estoy bastante seguro de que logrará la nominación". Eso, viniendo del único senador republicano que votó a favor de la condena de Trump en los dos 'impeachment' a los que éste fue sometido, en 2020 y 2021, es un veredicto inapelable sobre la potencia política de Donald Trump.

Es una potencia política que queda de manifiesto en un elemento decorativo de la reunión de CPAC de este año: una estatua, tamaño natural, de Trump, en acero inoxidable cubierta de purpurina, lo que le da un toque broncíneo, y con una varita mágica en la mano izquierda y la primera página de la Constitución en la derecha.

La figura es una caricatura, y tiene todos los toques del movimiento impulsado por Trump: nacionalista pero humorista; 'kitsch' pero sincera. El sábado, la web 'Politico' desveló que la escultura ha sido fabricada en México e importada de ese país. Eso, viniendo del presidente que dijo que iba a reconstruir, precisamente, la industria de EEUU y que iba a acabar con el "abuso" comercial de México y otros socios comerciales la hace, si cabe, más trumpista aún.

Así que, en realidad, el discurso de Trump en CPAC no es la Batalla de Covadonga, sino más bien el cruce del Rubicón por Julio César mientras su rival y hombre fuerte de Roma, Pompeyo, hacía las maletas y se iba a lo que hoy es Yugoslavia, y los 'populares' -el partido populista de la época- se hacía con el control de la República mientras los 'optimates' -por adaptarlo a la mentalidad actual, el 'establishment'- quedaba desbordado por los acontecimientos. Trump no es Pelayo; es César. Y Pompeyo y los 'optimates' son los líderes republicanos, que, o cruzan el Adriático, o acceden a obedecer el cesarismo trumpista.

Ésa es la cuestión: aquí no se trata de la conquista de la Casa Blanca. Ésa es una tarea dificilísima porque, a nivel nacional, Trump es enormemente impopular (34% de la población), al contrario que Joe Biden, que mantiene un respaldo considerable (56%) y muy estable, según los datos de la consultora Gallup. Pero, además, para 2024 queda muchísimo, y Trump jamás ha hecho planes a largo plazo. Lo que quiere es convertir formalmente al Partido Republicano en lo que ya es en la práctica: "el partido de Donald Trump", como lo ha definido la congresista 'trumpista' Marjorie Taylor-Greene. Nada menos que el 70% de los republicanos de a pie se irían o considerarían irse con Trump si éste formara un nuevo partido, pese a que eso significaría, debido al sistema electoral estadounidense, la garantía de una presidencia demócrata por los siglos de los siglos.

Así que, cuando la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, declaraba, respecto al discurso de hoy, que "no seguimos las declaraciones del presidente Trump", estaba realizando un análisis correcto. Pero parcial. En 2016, Trump se impuso, primero, a los republicanos. Después, a Hillary Clinton. Hoy va a lanzar la primera batalla para la Reconquista republicana. Lo que venga después, es imposible de prever. Como dijo César al cruzar el Rubicón, "los dados han sido lanzados".

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