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Cory Taylor: memorias con melanoma

La escritora australiana vivió los últimos 11 años de su vida en una pelea permanente y perdida contra el cáncer. La inminencia de la muerte la llenó de una sabiduría única que está plasmada en 'Morir. Una vida, sus memorias y su despedida'

Cory Taylor, con su familia.

Albert Camus dijo que "no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio", como cita la escritora y guionista australiana Cory Taylor (1955 - 2016) en Morir. Una vida, sus memorias y su despedida (Gatopardo). La autora tuvo su primer cáncer en 2005, un melanoma, y la conciencia de su propia mortalidad la empujó a hacer lo que siempre había querido: escribir novelas, hasta entonces se había limitado a los guiones. Con su primera novela, Me and Mr. Booker ganó el Comonwealth Writer's Prize en 2012, en 2013 publicó su segunda novela, My beautiful enemy. Murió poco después de la publicación de estas memorias, en 2016.

El libro tiene tres partes, Pavor, Polvo y ceniza y Principio y fin. En la primera habla de lo que se permite según la legislación, del tabú que es el suicidio y la muerte, de las consecuencias que puede tener para los demás su decisión: quien encuentre su cuerpo, por ejemplo, se pregunta si sus hijos lo entenderán, etcétera. La enfermedad de Taylor se complicó: más melanomas, metástasis, un tumor en el cerebro, una operación que salió milagrosamente bien, más o menos. Pero era terminal, iba a morir. Decidió evitar una muerte angustiosa y agónica, una degradación del cuerpo que obligaría a los demás a gestionar sus cuidados mientras ella, probablemente, al menos su mente, ya estaba lejos de allí. Cuenta lo fácil que es comprar la droga para suicidarse: hay dos opciones, comprarla en China o viajar a México o Perú a por ella y traerla de contrabando. Allí no piden la receta. Ella la pidió en China, y la tiene escondida. Solo el hecho de tenerla le tranquiliza: sabe que está ahí, que podrá utilizarla en caso de necesitarla, independientemente de que finalmente la use o no.

En la primera parte, además de afrontar con una serenidad admirable su muerte, reflexiona acerca de la relación que tenemos con la muerte a partir de la legislación y desde la medicina: "Me pregunto si esa aversión, entre los profesionales de la medicina no podría estar ligada a la creencia de que la muerte representa una forma de fracaso. Y me pregunto si nuestra sociedad no habrá acabado asumiendo una aversión general por la muerte en sí, como si el simple hecho de la mortalidad pudiera erradicarse, de algún modo, de nuestra conciencia". El debate sobre la muerte asistida está en todo el libro, aunque no eclipsa la belleza ni las cualidades literarias. Y curiosamente, descubre que su madre, mucho antes de que ninguna de las dos estuviera enferma, ya se había preocupado de eso y había tratado de contagiarle sus inquietudes sobre el tema.

La segunda parte está centrada en la vida de sus padres, cuyo matrimonio se fue deshaciendo cuando ella era adolescente, y en su muerte y funeral. Piensa sobre qué quiere que pase con sus restos una vez que todo haya acabado: "Sinceramente, no me importa demasiado qué será de mí, así que quizá no sea la persona adecuada para tomar la decisión". La contención es una de las virtudes de este libro. Y una cosa que es admirable es que una vez que sabe que va a morir y decide escribir estas memorias de despedida, mide sus fuerzas y acomete el proyecto sin vacilar. Pero lo que escribe no son lecciones para la vida, ni encendidos y sobrecargados recuerdos enfatizados por una prosa relamida: su proyecto es sencillo -y eso es un valor-: escribir de sus padres. En parte porque los dos murieron demenciados en una residencia: su muerte es el tipo de muerte que ella quiere evitar para sí. Aparecen sus hermanos y sus hijos, sí, como su marido, del que habla con un amor enternecedor, pero los verdaderos protagonistas son sus padres: quizá porque no terminó de entenderlos, quizá porque los echa de menos, quizá porque ella nunca llegará a vivir lo que ellos, a ver crecer a sus hijos hasta que formen su propia familia, tengan hijos y problemas adultos.

La tercera parte cuenta su infancia: las mudanzas de país cada poco tiempo debido al trabajo de su padre (piloto), pero también a su carácter. Cuenta el año que pasaron en Nairobi, la temporada en las Fiyi, cómo dejaron a sus hermanos en un internado, los arrebatos de furia inexplicables del padre y el hartazgo de su madre que toma, quizá demasiado tarde, la decisión de separarse. Descubre el deseo en los demás, pero todavía no en ella. Pero sí tiene una revelación mucho más importante: descubre su vocación. "Al principio, mi devoción por la escritura procedía del placer que me procuraba crear formas en la página, pero poco a poco se añadió algo más, un anhelo de captar las cosas -los sonidos, el habla, lo que veía desde la ventana, lo que sentía cuando llovía, el aspecto que tenían las aldeas a lo largo del trayecto que hacía en autobús para ir a la escuela- y transmitírsela a los demás". Un poco más adelante dice: "Sigo escribiendo para no sentirme sola en el mundo, pero ahora uso un teclado. De esta forma la mano ya no traza la palabra escrita, y así se ha perdido parte de la magia, como sucede con todos los placeres de la infancia. Tienen un principio y un fin".

La tercera parte, dedicada a su infancia, recoge de manera simple algo que a veces se olvida: la vida (y la muerte) es puro azar. Recuerda una vez que estuvo a punto de ser atropellada: si eso hubiera sucedido, tal vez habría perdido la pierna en la que tenía el melanoma. Pero nadie sabe qué habría sucedido en ese caso, si su vida habría sido igual. "A menudo se dice que la vida es breve. Pero la vida también es simultánea, todas nuestras experiencias coexisten en el tiempo, en la carne". En la infancia está todo: "Incluso mis células lo recuerdan: todo el sol que me bañó de niña y que resultó ser excesivo. 'En mi principio está mi fin'."

Cory Taylor cierra estas memorias escribiendo la escena de su muerte como si fuera una película. Las imágenes evocadoras nos llevan con elegancia a la emoción antes del fundido en negro.

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