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Coronavirus en Málaga: El silencio se adueña de los pequeños pueblos

La España vaciada está durante estos días más vacía que nunca. Los ya solitarios municipios del interior la provincia de Málaga, que en algunos casos cuentan con solo un par de centenares de vecinos (varios sin llegar siquiera a esta cifra), se han llenado de un silencio casi absoluto durante los días de confinamiento del coronavirus. Incluso en algunos de ellos existe cierto temor de que el virus pueda llegar de alguna manera a sus localidades, a pesar del aislamiento que sufren.

En Genalguacil, una pequeña localidad del Valle del Genal que tan solo cuenta con un vigilante municipal, los propios vecinos hacen labores de control desde sus ventanas y se encargan de avisar al alcalde de la localidad de la presencia de algún visitante despistado que recorre sus calles. El propio regidor o el vigilante municipal se encargan de acudir al encuentro de los visitantes para advertirles de que deben marcharse y que la estancia en la vía pública no está permita.

“Aquí está todo cerrado, bares, hoteles y casas rurales”, explica el alcalde, Miguel Ángel Herrera, que reconoce que se han producido algunos contactos tratando de alquilar una vivienda para pasar unos días en la localidad, aunque han sido rechazados.

Los que sí se han vuelto son algunos vecinos de Genalguacil que se encuentran fuera de la localidad por motivos laborales y que han decidido aislarse en las viviendas que poseen en zonas rurales. Además, el alcalde reconoce que el temor que existe a que pueda llegar la enfermedad a la zona, se debe a que cuentan con una población muy envejecida que es más vulnerable ante su ataque.

Eso sí, en estos momentos difíciles la concienciación vecinal parece muy grande, ya que gracias a la colaboración de los vecinos más jóvenes los mayores pueden quedarse en casa sin necesidad de tener que salir a realizar la compra, ya que se encargan de llevársela. El propio regidor hace esas labores con unos vecinos que tiene cercanos a su vivienda, situada fuera del casco urbano.

En cuanto al futuro, Herrera es moderadamente optimista, al considerar que la apuesta que han ello en su localidad por el mundo de la cultura y una forma de vida saludable tendrá un importante auge una vez que pase esta crisis en el país.

No muy lejos de Genalguacil, en Benarrabá, el panorama es muy parecido, con calles, que ya de por sí no suelen estar muy transitadas, prácticamente vacías. Los vecinos, también en un porcentaje elevado con una avanzada edad, se han concienciado desde un primer momento de la importancia de quedarse en sus casas y solo salir lo imprescindible para realizar la compra o acudir a la farmacia.

Los vecinos están siguiendo la norma, aunque en algunos no hay ni Policía Local

Aquí, igual que en muchos pueblos, la solidaridad brota en estos momentos de dificultad y aquellos más jóvenes ayudan a los que tienen más dificultades. De hecho, la responsable del taller de mayores se dedica en estos días a contactar con vecinos de más edad de forma diaria para conocer su estado y si necesitan alguna cosa. También la farmacéutica de la localidad está elaborando de forma gratuita para sus vecinos la tan buscada solución hidroalcohólica para que puedan desinfectar sus manos. “Ella conoce a cada familia, los miembros que tiene y la cantidad que puedan necesitar para que todos tengan este producto”, explica el alcalde del municipio, Silvestre Barroso, que se muestra muy satisfecho con la solidaridad y el comportamiento que se está teniendo en su localidad en estos primeros días.

Eso sí, para el futuro es más pesimista, ya que cree “nada de lo que hemos hecho servirá, tendremos que reinventarnos”, y es que teme que la crisis económica que pueda llegar tras la crisis sanitaria pueda golpear todavía más a estos pequeños pueblos, que en muchos casos habían depositado sus esperanzas en la restauración y los alojamientos turísticos tratando de abrirse un pequeño hueco en el denominado turismo de naturaleza.

Otros municipios un poco más poblados, como es el caso de Benaoján, también viven con incertidumbre estos momentos. En sus calles se nota una poco más de movimiento de vehículos al tratarse de una localidad que cuenta con una potente industria de alimentación, aunque el sector turístico y de la hostelería, que también cuenta con importantes recursos, está sufriendo un duro golpe al verse obligados al cierre. Eso sí, viven con la esperanza de que las medidas que se están tomando puedan tener efecto y la temporada turística no esté del todo perdida.

Mientras tanto, dentro de este mapa de soledad y ausencia de vecinos en la calle, el único oasis que parece existir son las tiendas de alimentación, que incluso han experimentado un ligero repunte en las ventas, ya que hay vecinos que han optado por hacer las compras en su localidad en lugar de desplazarse a grandes superficies o a los supermercados de Ronda. También en las tiendas de venta directa de carne, como es el caso del matadero Icarben, las ventas de carne fresca suben y hasta se encuentra el tan ansiado pollo que en otros lugares se ha convertido en un producto casi imposible de conseguir a determinadas horas del día.

En este caso, su alcaldesa, Soraya García, se muestra preocupada por el golpe que puede sufrir su incipiente industria turística, aunque cree que una vez que pase la crisis tienen importantes armas parar resistir.Además, considera que también podría optarse mucho más en las grandes ciudades por disfrutar de la naturaleza, actividades al aire libre y menos por grandes zonas de concentración de público. “Quiero ser optimista y pensar que tras la crisis los pequeños municipios podemos tener una oportunidad”, aunque reconoce que se presenta un panorama incierto.

En cuanto a la llegada de vecinos de fuera del municipio, desde la localidad se está recomendando que permanezcan en sus residencias habituales y no se desplacen en estos momentos a la localidad ante el riesgo que supone la posible llegada del virus para poblaciones muy envejecidas.

Al municipio que sí han vuelto vecinos que vivían fuera por motivos laborales o de estudios es Cortes de la Frontera, según reconoce su alcalde, José Damián García. “Algunos venían con la idea de tener más libertad en el municipio”, afirma el alcalde, que asegura que tras unos días de pedagogía la gran mayoría han entendido que aquí se tienen que cumplir las normas al igual que en el resto de España se está haciendo.

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