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Conte y Bordalás, dos banquillos de alto voltaje

Uno de los alivios más placenteros que en estos tiempos extraños habrán vivido los jugadores del Inter de Milán y el Getafe habrá sido la exportación de la eliminatoria de octavos de final a Gelsenkirchen. Los apacibles 25 grados que las previsiones meteorológicas vaticinan para cuando a las nueve de la noche de este miércoles el balón eche a rodar en el Veltins Arena contrastan con el extenuante calor que el sur de Madrid hubiera impuesto al cruce entre españoles e italianos. Un aderezo, pues no pasa de ahí, a la caldera que cada uno de estos clubes tiene en su banquillo.

Antonio Conte y José Bordalás garantizan un duelo agónico en el que no habrá gota de sudor que se negocie. Ambos entrenadores representan, cada uno en su nivel, su ambiciones y su contexto, una forma de entender el fútbol que marca un canon en sus ligas, entregadas la española y el Calcio a esa evolución hacia una marca más asociativa en la que métodos como las de estos dos entrenadores quedan enmarcadas en el salón de lo obsceno.

Olvidan estas corrientes con tendencia a no distinguir cuanto entierran en su particular saco que detrás de los decibelios hay también método, exquisito, en toda la longitud del adjetivo, por lo que respecta a los dos directores del Inter-Getafe. El caso de Conte tiene miga. Reducido su Chelsea por momentos a un ejercicio de supervivencia fatigoso, falto de piezas con categoría técnica como para ejecutar planes propositivos con la pelota capaces de pelear por los cuotas más altas de la Premier, el de Lecce halló el camino hacia el título con un fútbol que enarcó la ceja de los que no toleran la relación entre el dinero y el pragmatismo.

El tiempo, si es que su pasado en aquella fantástica Juventus no lo había hecho ya, devolvió a Conte su estatus en el Inter. Sirve el partido de ida ante el Barcelona, en la pasada fase de grupos, como ejemplo de lo que sus escuadras son capaces de practicar, de hemeroteca sus salidas de balón en el primer tiempo de aquella noche donde terminó cediendo ante el poderío de los de Valverde.

Segundo en la carrera por la Serie A tras una Juve que sigue abonada al título liguero -ha sido el equipo con menos derrotas (4) y menos goles encajados (36) pese a ser el segundo en anotación (81)-, ha devuelvo a los neroazurros el carácter ganador de antaño, constituidos por fin como uno de los cocos del campeonato. Con todo, su futuro está por el momento en el aire después de las declaraciones que hizo hace unos días posicionándose contra los altos mandos del club: «He visto ataques gratuitos contra el equipo y contra mí y he percibido poca protección por parte del club. Alguno se sube al carro, pero la montaña de mierda ha caído sobre mí y los jugadores».

El de Bordalás es, a fin de cuentas, un idioma con el mismo origen que el de Conte, con el trabajo como eje vertebrador de un libreto copiosísimo, todo un reto para los homólogos rivales hacer frente a la montaña de problemas que un partido ante el Getafe plantea. Los caminos difieren asimismo en muchos aspectos: donde la construcción desde Handanovic es una prioridad ineludible para los milaneses, los azulones postulan una salida de riesgos mínimos, por el aire la pelota al mínimo amago de presión rival, prioritaria la disputa de las segundas pelotas en campo ajeno y más pendientes los mediocampistas del cuentakilómetros que de coleccionar pases.

Es, así las cosas, un plan innegablemente propositivo, pues no hay equipo que se enfrente al Getafe y no se vea obligado a adaptarse al partido que buscan los madrileños. Le falta a Bordalás el billete a una plaza de enjundia, está por ver lo que pase este verano, para que la comparativa con Conte refuerce sus credenciales. Por lo pronto, esta noche tendrá la oportunidad de medirse a otro de esos entrenadores que el paso del tiempo está condenando al exotismo.

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