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Construye una casa de pacas de paja en un pueblo de León y sus vecinos creen que está «loco»

Si los protagonistas de la fábula de los Tres Cerditos se diesen una vuelta por Fáfilas, en León, se llevarían más de una sorpresa. Casi como los propios habitantes de la vecina localidad de Villabraz, aún sorprendidos de los progresos de la casa de paja que está levantando su vecino Teo Herrero. Hace unos meses que comenzó a indagar en internet sobre este tipo de construcciones, cada más habituales en algunos países de Europa como Francia, Austria o Alemania, donde el auge de estos proyectos ha obligado a aprobar normativas propias de seguridad. Lo que investigó le convenció y se puso manos a la obra el pasado verano.

La construcción de esta segunda vivienda no le está siendo tarea sencilla. Al comienzo se encontraba con que muchos de los fardos que ponía se caían por la noche y debía volverlos a levantar por la mañana. Además, «a diferencia de los ladrillos, es imposible cortar un fardo», explica. Sin embargo, su empeño no cesó y lo que iba a ser un pequeño merendero se ha convertido en una segunda vivienda de 250 metros cuadrados construidos y tres habitaciones, salón-cocina, baño y un gran porche, para sorpresa de sus vecinos,: «Me llamaban loco y de todo», confiesa.

Y aunque a los vecinos de Villabraz aún les sorprensa, la llamada bioarquitectura está en auge. En España se calcula que habrá medio millar de casas de paja levantadas. A diferencia de lo que ocurre en la mencionada fábula, las actuales construcciones de paja son robustas, ecológicas y eficientes. Además, sus principales clientes no persiguen viviendas baratas, sino respetuosas con el entorno y exentas de materiales tóxicos. Por el proyecto de Teo se han interesado ya alguna que otra constructora. «Me llamaron de una de Andújar, en Jaén, que querían venir a verla». De ella destaca este albañil totalmente autodidacta su aislamiento térmico: «Este verano, con días de 35 grados, en la casa no se pasaban de los 19». Lo mismo le está pasando este invierno, que aún sin puertas ni ventanas, la temperatura interior suele ser de unos 12 grados.

Para levantar su estructura calcula que habrá empleado 500 pacas y unos 30 paquetones de más de 400 kilos, y aunque las más pequeñas «fue un regalo del alcalde», la construcción de esta casa de paja, al contrario de lo que pudiera parecer, no le está saliendo excesivamente económica. Por el momento calcula que lleva invertidos más de 16.000 euros. «Al final, se trata de la construcción de una casa, así que los permisos los tienes que pagar igual, así como los materiales y la instalación eléctrica. Lo único que he ahorrado es en los ladrillos».

Teo espera disfrutar de su casa este próximo verano «aunque no sea rematada del todo». Por el momento está grabando y fotografiando todo el proceso para que su casa de paja sirva de ejemplo en un futuro. Lo cierto es que durante su construcción está disfrutando «y al final, es lo que importa».

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