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Cómo nos afecta el cambio de hora a nivel psicológico en tiempos de covid

El segundo de cambio de hora del año, que se produce en otoño, retrasa una hora nuestra rutina. A las tres de la madrugada del domingo 25 de octubre, el reloj se retrasará a las dos para entrar en el horario de invierno y, si cuando éramos pequeños siempre nos sentíamos alegría esta noche, pues significaba que podríamos dormir una hora más, ahora es el comienzo de una etapa en la que la luz solar va desapareciendo poco a poco.

Los seres humanos vivimos conectados a nuestro entorno y por ello los cambios meteorológicos pueden afectar a nuestro ánimo. Es por ello común que parece que «nos despertamos» con la llegada de la primavera y entramos en una especie de letargo cuando comienzan los días de frío. Es por ello que el cambio de hora nos puede llegar afectar, no solo psicológicamente, sino también físicamente.

En primer lugar, es importante entender la naturaleza de este cambio de hora: se realiza con el objetivo de ajustar nuestra jornada con el sol. De esta manera, al levantarnos con el amanecer, «reajustamos» nuestros ciclos circadianos. También, se hace con el objetivo de que las jornadas laborales se adapten mejor a la luz solar, y cuando estas acaben, empiece la oscuridad. El problema es que cada persona es un mundo, y no todos adaptan sus horas de sueño y rutinas al ciclo solar.

¿Por qué nos «sienta mal» el cambio de hora?

Blanca Tejero Claver, doctora en Psicología y directora del Máster en Educación Especial de UNIR, comenta varias consecuencias negativas de este cambio de hora. En primer lugar, habla de la falta de vitamina D en la problación: «Hay menos horas de luz solar, lo que dificulta la absorción de esta vitamina, y por ellos nos sentimos más cansados». Añade que, al pasar más horas con oscuridad, aumenta el nivel de melatonina en nuestro cuerpo, lo que hace también que sintamos más sueño.

Por otro lado, la profesora habla de un «círculo vicioso» del que es difícil salir en los meses de frío una vez entramos: «Cuando pasamos más horas en casa, hacemos menos ejercicio. Da más pereza salir a correr o a hacer deporte al aire libre si está oscuro o hace mal tiempo. Esto hace que aumentemos de peso y también que baje nuestro nivel de serotonina, la hormona que nos da la felicidad. Entramos en un bucle en el que nos sentimos peor con nosotros mismos y más desanimados».

La «depresión de invierno»

Blanca Tejero Claver menciona la existencia del «Trastorno afectivo estacional», y lo compara de manera sencilla con el proceso que pasan algunos animales en invierno, que entran en letargo. «No es que seamos un oso y vayamos a invernar, pero la llegada del frío, la falta de luz... hace que estemos más tristes y alicaidos, y se produce lo que se llama la depresión de invierno, que no tiene un factor en sí, más allá de esto que he comentado», apunta.

Por otro lado, este año nos enfrentamos a una situación excepcional, pues no solo nos puede afectar el cambio de hora, sino que estamos en una situación de incertidumbre y tensión constante derivada de la pandemia por la enfermedad Covid-19, que puede agravar el impacto negativo.

Cambio de hora un año de pandemia

«Este año ya hemos tenido menos contacto con el sol, y nuestro estado emocional está más perjudicado por la situación: tenemos más problemas de sueño, estamos más irritables... todo esto hace que los sítomas se puedas agravar», explica la profesora, que contínua y comenta que la situación de incertidumbre económica, el teletrabajo, que añade más trabajo a la rutina, así como una carga mayor con los hijos, por ejemplo, en casa, son también detonantes de esta «depresión invernal». «También, en invierno solemos tener menos vida social, se hacen más reuniones en casas, y esto son cosas a evitar en los momentos, lo que va a derivar en más problemas familiares, afectivos, sociales y de pareja», dice Tejero Claver. Todo ello, unido con los factores naturales del cambio de hora, hacen que este año sea más complicado de gestionar de lo normal.

Aun así, con buenos hábitos podemos conseguir paliar o minimizar el impacto a nuestro estado de ánimo y físico de la reducción de horas solares. «Es muy importante dormir bien. Lo mejor es tener un horario fijo de irnos a dormir y levantarnos, así como evitar la exposición a luces brillantes antes de dormir, como la de los móviles o las tablets, y evitar las cenas pesadas», recomienda la profesora. «En general, la mejor fórmula para evitar estos efectos negativos, es tener un estilo de vida saludable: comer de manera saludable, hacer ejercicio, incluir en nuestra dieta alimentos ricos en vitamina D como el queso, las yemas de huevo o los pescados grasos como el salmón o el atún e interar aprovechar las horas de luz al máximo: salir cuando tengamos sol, y si no podemos salir a la calle, al menos a la terraza o a la ventana», concluye Tejero Claver.

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