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Cinco cambios y cada vez peor... (2-1)

Tres derrotas consecutivas y la sensación de que el Sevilla ha entrado en depresión en la Liga, en el torneo que sirve para conseguir los objetivos marcados en todos clubes españoles. La escuadra de Lopetegui volvió a dar un paso atrás en el Nuevo San Mamés cuando más fácil parecía tenerlo, cuando había completado una puesta en escena magnífica y cuando se llegó a poner incluso por delante muy prontito en el marcador. Pero los hechos objetivos no mienten y las cinco sustituciones ordenadas sucesivamente por el cuerpo técnico nervionense, a saber, Franco Vázquez, Óliver Torres, Gudelj y ya muy al final, casi sin tiempo para nada, Carlos Fernández y Munir fueron empeorando a los sevillistas. Todo lo contrario que en el adversario, donde Muniain y Sancet, de los que ingresaron, fueron los autores de los tantos.

Son cosas que suceden en el fútbol, sí, pero hay veces que los hombres que tienen los dones del saber en este deporte se empeñan en hacer justo lo contrario de lo que parece que está demandando el juego. Fue el caso de esta cita en el coliseo bilbaíno, donde las decisiones que manaban desde el banquillo sevillista parecían empeñadas en insuflarle vida a un Athletic que estaba prácticamente sin la menor capacidad de reacción, por debajo en el marcador y con los balones bombeados como único recurso casi antidiluviano.

Pero en lugar de reforzar el eje del centro del campo de verdad con la salida de Gudelj para ayudar a un Fernando que veía cada vez más enemigos a su alrededor, Lopetegui optó por escorar al Mudo Vázquez en la posición de En-Nesyri. Craso error, pues el argentino, en una banda de verdad y no como falso extremo, fue un cero a la izquierda, nunca mejor dicho, y el Athletic se fue echando cada vez más encima de Bono hasta que le tocó la lotería. Aunque, claro, es más fácil hallar el premio en un sorteo cuando se juega mucho y los saques de esquina y las faltas laterales ya comenzaron a abundar hasta que Vesga, otro del banquillo, desvío en el primer palo para que Muniain acertara completamente solo en el segundo.

Era en el principio del fin para un Sevilla cada vez más descompuesto con las modificaciones de su entrenador y a nadie le iba a extrañar que el castigo fuera aún más hiriente cuando en un doble error de Koundé y de Diego Carlos, porque hasta los mejores fallan cuando se le facilitan las herramientas para que se equivoquen, acababa en el remate a bocajarro del recién ingresado Sancet. El desenlace era incluso cruel para las decisiones del cuerpo técnico sevillista, porque todo se venía abajo por las modificaciones de unos y otros.

La puesta en escena de la escuadra de Lopetegui, sin embargo, no pudo ser más prometedora. El vasco había mantenido a nuevo de los once futbolistas de la exhibición frente al Rennes, a pesar del desgaste y de que habían transcurrido menos de 72 horas, pero era una forma de transmitirles a sus hombres que estaba muy satisfecho con el trabajo que habían realizado en su mejor partido del curso. Sólo Rakitic y En-Nesyri entraban en la alineación para que compareciera un Sevilla tremendamente mandón en el Nuevo San Mamés.

Joan Jordán se hacía con los mandos con la colaboración de ese creativo atrás que responde por Koundé. El Sevilla tenía casi siempre el balón y no era con toques horizontales para conservar la pelota, no, era un fútbol rápido, buscando siempre al compañero desmarcado y que, además, le pudiera hacer daño al Athletic si el objeto esférico le llegaba en condiciones, algo que sólo suceder con asiduidad.

En esas permutas entre En-Nesyri y De Jong como extremo izquierdo y delantero centro iba a nacer el primer aviso. El holandés fue esta vez el pasador desde el costado y sólo los problemas que tiene el marroquí para controlar el esférico con precisión iban a impedir que le pudiera facilitar el balón con todo a favor a Ocampos para marcar.

Se había esfumado la primera opción, pero todo iba a continuar como antes, con el Sevilla como dueño y señor de la situación y con los locales persiguiendo sombras sin llegar a alcanzarlas jamás. En la siguiente acción de peligro sí iba a acabar la pelota en las redes de Unai Simón. Los sevillistas arrancaban la acción en la derecha, pero iban a tener la paciencia, y la calidad, para conducirla hasta la izquierda, donde Acuña combinaba con Joan Jordán, éste con Ocampos y el pase atrás del argentino lo golpeaba con todo a favor En-Nesyri.

Afortunadamente para los sevillistas, la bola golpeaba en su camino hacia la portería en Yeray para que se la desviara a Unai Simón y se convirtiera en el primer tanto de la tarde. Los visitantes habían conseguido a la segunda lo que tanto trabajo les costó hacer el pasado miércoles en su exhibición con el Rennes.

Nueve minutos y ya estaban por delante en el electrónico de ese fantasmal, por las puertas cerradas, Nuevo San Mamés. El caudal de juego, sin embargo, no se secó hasta que Raúl García compareció para sacar de la partida a la dama sevillista. Joan Jordán se empezaba a perder entre reclamaciones de faltas a Del Cerro Grande y esto originaba que ya nada fuera igual en lo referente a la ofensiva, que otra cosa era la eficacia a la hora de proteger a un Bono siempre seguro.

Los hombres de Lopetegui seguían teniendo el mando, sí, pero eran demasiadas las imprecisiones en acciones a las que sólo faltaba ponerles el perejil para que el plato quedara magnífico de presentación y sabor y todo quedara ya visto para sentencia. No lo hicieron, tampoco cuando se les presentó la ocasión tras el intermedio con un balón sacado por Íñigo Martínez y un sinfín de uys por malas decisiones en el último pase.

Ahí comenzaría el carrusel de cambios para que el Sevilla cada vez se aculase más delante de Bono y hallara el castigo que se estaba buscando. Dos goles del Athletic, el último en el minuto 86, y todos los piropos a Lopetegui, a Koundé, a Diego Carlos y al resto condujeron a un coma diabético, por exceso de azúcar vaya. El Sevilla se empeñó en perder y ya van tres partidos seguidos en la Liga con el rostro del derrotado, demasiados para aspirar a objetivos grandes. De momento, pese a las dos citas pendientes, que no siempre acaban en triunfos de quienes las juegan, los blancos están más cercas del descenso que de otra cosa. Ojo al dato.

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