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Carta de una médico tras una larga guardia: «Entre nosotros competimos a ver a quién se le ocurre la genialidad del día para ahorrar EPIs»

Han sido 36 horas de guardia. No sé ni cómo me llamo. Me escribe mucha gente preguntándome qué tal, cómo van las cosas, qué pueden hacer para ayudar... Así que aprovecho para contaros mis impresiones y desahogarme.

Es curioso cómo, conforme pasan los días, los médicos que vemos a los pacientes sospechosos de Covid-19 más o menos predecimos si serán positivos o no. Los "futuros" positivos tienen características muy similares que nos dan pistas para conocer un poco más a este "bicho del infierno". Al final es algo nuevo, contra lo que no tenemos ningún tipo de inmunidad, y este contagio masivo está medrando nuestros ejércitos sin remedio. Ahora sí, de esta pandemia espero aprender y que se aprendan muchas cosas.

Vemos cuestionada la ética, uno de los principios que rige nuestra profesión. ¿A quién tratamos? ¿Qué haremos cuando se acaben los tratamientos, que además son experimentales y tienen una evidencia científica escasísima que respalde su uso? ¿Por qué tenemos que elegir a qué paciente poner un respiradory regirnos por un número o criterio como la edad?

En nuestro servicio, a los pacientes que suben de Urgencias los ve una sola enfermera que se viste con traje de protección individual junto a una auxiliar, mientras el resto de compañeras se quedan fuera esperando órdenes o solicitudes. Los médicos no entramos a valorar al paciente a menos que llegue "muy justo" o se complique a lo largo de la guardia, y no poder presentarte y verle la cara a un enfermo es cuánto menos cuestionable.

El motivo de no hacerlo es para ahorrar trajes de protección. Si por cada paciente cada médico tuviéramos que entrar con un traje distinto, en una semana nos quedamos sin nada. Estamos viendo como profesionales de todo el mundo buscan ideas para paliar este déficit o para aprovechar al máximo el mismo traje y mascarilla evitando la contaminación. Ya que los de arriba no nos ayudan mucho, al final entre nosotros competimos a ver a quién se le ocurre la genialidad del día para ahorrar EPIs.

Si tenemos que dar un resultado o informar al paciente de algo nos quedamos en la puerta y gritamos al paciente que es positivo entre mascarillas que apenas dejan mantener una conversación y sin poder coger de la mano a gente que se queda realmente asustada. No podemos consolar apenas, hay que intentar minimizar el contacto, las visitas, las entradas. No te enseñan muy bien esto a lo largo de la carrera de Medicina.

Este "bicho del infierno" ataca y no importa que edad tengas; es cierto que muere gente más mayor, al final el tener múltiples patologías y un sistema inmune debilitado pasa factura, pero vemos gente joven empeorar en cuestión de horas. Seguimos sin saber qué factores provocan que aparezca una síndrome de distress respiratorio tan brutal, no solo con este, sino también con otros virus, y espero que este sea el momento en el que las investigaciones se dirijan a entender por qué ocurre esto. Además estamos viendo cómo, aunque en menor porcentaje, la tasa de letalidad entre gente más joven está ahí, y no podemos negarla.

También está claro que a problemas masivos, medidas desesperadas. Si tienes 40.000 infectados y 5.000 respiradores, vas a priorizar al paciente con mejor calidad de vida o mayor tiempo de supervivencia. Y así están Italia. Pero bueno, nosotros decidimos seguir el ejemplo y largarnos de puente en pleno estado de alerta, o hacer caso omiso a las recomendaciones y protocolos. Y pensamos "esto a mí no me pasará", o "si me pasa ni me enteraré"... hasta que te toca de cerca y entonces igual te arrepientes.

En las residencias este virus va a arrasar. Se contagia uno y contagia a todos. Y cualquier fiebre ya te hace sospechar. En medicina interna los pacientes mayores y pluripatológicos son nuestra razón de ser, y hoy me he dado cuenta que no podemos atenderles. Esto ha excedido y con mucho los recursos y nuestra ética asistencial. Vamos a tener que acepar que no vamos a poder acompañar como nos gustaría a estos pacientes al final de su vida. Es duro y triste, pero es la realidad.

Que esto sirva para estar preparados en el futuro, para poder superar otras pandemias como está, que vendrán, la historia nos lo dice. Que los "de arriba" gestionen mejor sus recursos y estén preparados para eventos de magnitud. Que sigamos valorando la sanidad pública. Y

Mis 36 horas no me las pagan ni en días libres ni en dinero. Ni el estrés ni el daño moral de esta situación. Pero al menos sí se nos paga en agradecimientos en forma de vuestros aplausos, y os digo de verdad que no sabéis lo bien que nos viene sentir vuestro apoyo. Y cuidado, si no fuera porque ya mi raciocinio no da para más, me quedaría otras 36 horas para seguir ayudando a los que se quedan ahora de guardia.

Demos valor a lo que de verdad lo tiene. Hay veces que pasamos semanas o meses sin ver a nuestros amigos y seres queridos. Creo que estamos teniendo la capacidad de entender el valor de un simple abrazo. Es ilusionante ver cómo nos hemos juntado de todas las partes del mundo como un equipo que luchamos juntos contra esto, compartiendo experiencias, ideas, consejos, animándonos unos a otros, aplaudiéndonos todos por seguir ahí al pie del cañón.

Seguiremos luchando, diezmados, y débiles, pero sin rendirnos jamás. Vosotros ayudadnos siguiendo las indicaciones, son sencillas, son temporales, y evitarán que mueran muchos más. Quedaos en casa. Seguid cumpliendo. Os lo pido por favor.

* Anxela Crestelo Vieitez es médico y de Zaragoza.

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