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Cándida, una de las primeras mujer policía en Valencia: no podían llevar arma ni conducir

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Cándida Barroso es de esas mujeres que lleva la lucha feminista en las venas, y no le faltan motivos. Con tan solo 20 años, empezó a trabajar como policía local en la ciudad de Valencia. Ella, junto a otras 28 compañeras, formaron parte de la que fue la primera promoción de mujeres que entraron en este cuerpo de seguridad en el año 1981. Hicieron, como ella misma explica, una pequeña revolución en este ámbito teniendo en cuenta que apenas habían pasado unos años desde que España había cerrado la etapa de la dictadura.

Pero no fue fácil, ni mucho menos. Su trabajo y responsabilidades dentro del cuerpo eran de menor rango por el mero hecho de ser mujer. Ni les dejaban llevar armas, ni conducir. A todo eso se sumaba otro factor: muchas de ellas, como Barroso, eran madres. Era toda una odisea compaginar su vida laboral con la familiar por la volatilidad de horarios que tenían. Muy diferentes también los de los hombres.

Desde aquella época hasta el año pasado, Barroso ha estado ejerciendo como policía local y también como sindicalista en Comisiones Obreras. Así, su pelea por cambiar la situación de la mujer en el ámbito laboral la vivía en primera persona como policía y la defendía posteriormente a través del sindicato. Ahora, ya jubilada, su compromiso para acabar con las desigualdades no ha cesado. De hecho, es una de las principales activistas feministas de Valencia y además colabora en medios de comunicación.

¿Cómo empezó todo? ¿Qué te impulsó a convertirte en policía local?

Fue puro azar. A mí lo que me gustaba era la enfermería y lo primero que hice fue sacarme la carrera. Fue todo un sacrificio porque al poco de empezarla, me quedé embarazada. Por suerte, mis padres siempre me han dejaron claro que yo iba a estudiar y que me ayudarían. Una vez finalizada la carrera, tenía la necesidad de trabajar, pero las oposiciones, como ya sabemos, no salen con mucha regularidad. Y, yo estaba desesperada. Un día mi padre estaba leyendo el periódico y vio que había posibilidad de entrar en el cuerpo de la Policía Local de Valencia. Era justo el último día para presentar la instancia. Y lo más importante, era la primera vez que iban a poder entrar mujeres. Yo tenía 20 años, para mí era todo un reto, así que finalmente decidí presentar la instancia.

Cándida Barroso se jubiló el año pasado, tras casi 40 años en la Policía.

Cándida Barroso se jubiló el año pasado, tras casi 40 años en la Policía.

Sorprende que fuera tu padre quien te animase a presentarte.

Así es. Mi madre, en cambio, sí que tenía más miedo. Y es que, claro no había referentes para las mujeres. Hay que tener en cuenta que cuando yo presenté la instancia estábamos en 1980, nuestra democracia estaba recién aprobada. Mi padre me dijo: “Tú eres una mujer fuerte, tienes estudios y podrás sacarlo adelante”. Mi padre me veía incluso con proyección para promocionar. Pero la realidad es otra y más cuando ves que no hay garantía para poder llegar a puestos más altos, en procesos que no son del todo limpios.

¿Cómo lo viviste tú personalmente? ¿Tenías miedo?

La verdad que no, porque en aquella época era un poco inconsciente. Fue un reto porque yo era una muy joven. Y sobre todo, el mayor reto para mí eran las pruebas físicas.

¿Cómo te las preparaste?

Primero me dediqué a estudiar el temario y después me di cuenta que las pruebas físicas eran complicadas y que tenía que ponerme las pilas. Busqué un gimnasio, donde además coincidí con otras mujeres que también se estaban preparando las pruebas. Recuerdo el día del examen físico perfectamente. Me desgarré todos los dedos subiendo la cuerda, que era una de las pruebas. Había que hacer también un ejercicio de moto, así que otra de las cosas que tuve que hacer fue sacarme el carné de moto.

¿Y lo superaste todo a la primera?

Sí. Presenté la instancia en el 80, hice los exámenes y el 3 de agosto de 1981 empecé a trabajar como policía local de Valencia.

Formaste parte de la primera promoción de mujeres de la Policía Local. ¿Cuántas erais?

De las 131 personas que entramos en aquella promoción, solo 29 éramos mujeres. Fue la promoción más grande mujeres en mucho tiempo porque el entonces alcalde de Valencia, Ricard Pérez Casado quiso hacer una apuesta importante por nosotras. Había que empezar a modernizar las administraciones y un signo de proceso era tener mujeres en los cuerpos de seguridad. Fue muy importante que entrásemos un 20% en aquella promoción. Por desgracia, luego hubo oposiciones a finales de los años 90 y solo entraron cinco mujeres.

¿Y cuál es la actual situación?

Están entrando más mujeres pero nunca llegamos a los parámetros de lo que pasa en el resto de la Administración pública donde hay más mujeres que hombres. Lo vemos en la enseñanza, en Justicia, Sanidad... El porcentaje de mujeres que entra en la Policía Local es bajo.

Volviendo a tu primera etapa, ¿te sentías juzgada en tu día a día por ser mujer?

Cuando entré era muy joven, así que tenía ganas de dar la talla. Normalizas muchas cosas y no eres consciente de ese paternalismo que había. Eso sí, conforme vas creciendo vas teniendo una visión más crítica. Fue insultante para las mujeres que entramos en la primera promoción que todas estuviéramos destinadas a tráfico. Tardamos años en poder patrullar solas y evidentemente dos mujeres solas no podíamos ir. No nos dejaban conducir y tampoco nos pusieron arma. Esto nos molestaba porque, como el resto de nuestros compañeros, habíamos pasado una oposición. Teníamos un exceso de protección y nosotras lo que queríamos era demostrar que también valíamos. Otra discriminación era que los hombres, a diferencia de las mujeres, tenían turnos fijos. Muchas de nosotros entramos siendo madres con lo cual resultaba muy complicado compaginar nuestra vida. Fuimos nosotras precisamente las que empezamos a mostrar malestar por la organización de los tiempos de trabajo.

Entraste en el cuerpo en el 81 y te jubilaste el año pasado. ¿En todo este tiempo has visto una evolución en términos de igualdad en el cuerpo?

No. Es cierto que no puedes decir que todos los compañeros son machistas. Pero, vivimos en una sociedad machista que vive de clichés que se reproducen en todos los ámbitos. En los últimos años, se ha trabajado mucho por normalizar y trabajar los conceptos de igualdad, pero no es suficiente. Sigue ocurriendo que cuando se habla de acoso ambiental, los compañeros se ríen. Ahora mismo, hay 231 mujeres en la Policía Local de Valencia repartidas por los tres turnos de trabajo. Y seguro que en algún grupo de trabajo no hay ninguna mujer porque los grupos de trabajo siguen estando fuertemente masculinizados. Por no hablar de la poca presencia de mujeres en la escala de mando.

¿Tu paso por la Policía Local despertó tu interés por la lucha feminista?

Aunque está jubilada, Cándida sigue luchando por la igualdad de las mujeres en los cuerpos de seguridad.

Aunque está jubilada, Cándida sigue luchando por la igualdad de las mujeres en los cuerpos de seguridad.

Mi conciencia feminista despertó sobretodo por estar en el sindicato porque fue donde tuve referentes, y evidentemente el estar en el colectivo de la Policía agudizó todavía más ese sentimiento de desigualdad. Me hizo comprometerme mucho más. Desde el sindicato he organizado diferentes encuentros con mujeres policías y recuerdo perfectamente como a principios de los años 90, la palabra feminismo generaba mucho rechazo. De esos encuentros, publicamos en la prensa unas conclusiones en las que criticábamos actitudes de carácter sexista de nuestros compañeros. Nos dijeron que éramos unas exageradas y que se sentían muy ofendidos.

¿Cómo explicarías la importancia de que haya más mujeres en los cuerpos de seguridad?

Tiene que haber más mujeres porque si sigue siendo un cuerpo en el que prima la testosterona, esto no es una reflejo real de la sociedad. Por tanto, si hay más mujeres tendremos mayores garantías de que este cuerpo podrá atender todas las demandas de la ciudadanía. Es de sobra conocido que las mujeres tienen más empatía que los hombres.

La serie Creedme cuenta la historia real de diferentes menores que fueron violadas por un mismo hombre. Cuando la primera víctima cuenta su testimonio a dos agentes de la Policía, inmediatamente se pone en duda su versión. Sin embargo, cuando la investigación es liderada por dos mujeres policías, todo cambia. Las víctimas se sienten menos juzgadas y más apoyadas. ¿Esto también podría justificar la necesidad de que haya más mujeres en los cuerpos de la Policía?

Cuando hice los encuentros en el sindicato con las mujeres policías, que he explicado antes, nos encontramos con muchas mujeres que se habían especializado en temas de violencia por su conciencia personal y por su forma de ver la vida. Lo que no puede ser es que los problemas o demandas de la ciudadanía se resuelvan en función de qué persona te vaya a atender. Debe haber obligatoriamente un esfuerzo brutal. Y lo preocupante es que cuando desde las administraciones se ofrece formación voluntaria en temas de violencia de género, en temas de acoso sexual, son las mujeres las que mayoritariamente se apuntan a esta formación.

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