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Bono evita un duro rejón de castigo (1-2)

Tres puntos más para el Sevilla y ése es el punto de partida del análisis de un resultadista empedernido. Aunque, como diría un buen amigo, hay una infinidad de peros que ponerle al triunfo de los nervionenses ante el que puede ser, a día de hoy, el equipo más endeble de la Liga Santander por mucho que la clasificación no dictamine lo mismo. Los sevillistas salieron victoriosos porque su guardameta, Bono, detuvo un penalti en el minuto 91 a Joselu después de un choque que debieron sentenciar con rotundidad para no estar siquiera ante esa posibilidad de una decisión tan controvertida por la mano de Koundé en un balón sin dueño.

Claro que sé que Bono está ahí, entre los tres palos, para parar el máximo números de balones posibles y el guardameta nacido en Canadá lo hace de una manera espectacular. También se lanzó como un felino en el lanzamiento de Joselu y gracias a ello ahora los sevillistas pueden festejar los tres puntos y no estar padeciendo la frustración que mostró Lopetegui con su patada a una botella de agua cuando Díaz de Mera mantuvo la decisión de decretar el penalti por unas manos así.

Porque ni siquiera vale la aseveración de que en la máxima categoría cualquier triunfo es complicado. Faltaría más que no fuera así, pero son frases hechas cuando se analizan 97 minutos, que fueron los que se litigaron, en su contexto global. Los visitantes eran una galaxia superiores en lo referente al juego y es increíble que pudieran poner en peligro esa diferencia de nivel por no tener jamás la mentalidad de liquidar la cuestión y sí pensar siempre de forma conservadora y con la idea de correr el menor número de riesgos posibles.

Ese método estuvo a punto de romper el cántaro por mucho a que los resultadistas, entre los que se incluye este periodista, sólo les valga lo que consignó Díaz de Mera en su acta arbitral y ya figura en todas las clasificaciones del orbe. El Sevilla ganó por uno a dos y ante eso no hay la menor objeción posible. Pero esa falta de riesgo para sentenciar pudo ser fatal para el equipo que era infinitamente mejor en Mendizorroza.

Tres minutos, dos ocasiones claras de En-Nesyri y ya cero a uno ante un cadáver deportivo

Además, no se le pudieron poner las cosas mejor al Sevilla. Ni siquiera habían roto a sudar, si es que llegaron a hacerlo con semejantes temperaturas en Vitoria, y ya estaban por delante en el marcador. Y lo más curioso es que sucedía en la segunda ocasión que se le presentaba a En-Nesyri a pesar de que el cronómetro ni siquiera había llegado a los 270 segundos de partido.

En la primera, el marroquí acusaba que la pelota para empalmar le cayera a su pierna derecha y no pudo aprovechar una opción magnífica. Pero el Alavés era un verdadero flan, un auténtico cadáver deportivo, y no tardaría en producirse la segunda gran ocasión para que el Sevilla se adelantara. Un centro de Jesús Navas por la derecha, En-Nesyri llega al remate solo y encima se da la circunstancia de que su pésimo intento a la primera se convierte en un control perfecto para empujar la pelota con su pierna derecha, otra vez con la mala del futbolista.

El Sevilla lo tenía todo a favor ante un adversario que transmitía la sensación permanente de estar descompuesto. No era casualidad, para nada, que el Almería, un Segunda, aunque sea de los buenos, le hubiera endosado nada menos que una manita, el cuadro de Abelardo prácticamente se empeñaba en ser castigado por los nervionenses.

Ante un rival que se empeñaba en abrir los caminos, un saque de banda lo complicó todo

Pero este equipo de Julen Lopetegui parece amigo de las emociones fuertes y no tiene el gusto de vivir plácidamente. Ante un contrincante cadavérico, se empeñó en meterlo de nuevo en la pelea con malos despejes de todo tipo. Tanto que bastó con un saque de banda, de ésos que utilizaba Benito Floro para sus ponencias de la importancia de esa faceta del fútbol en el juego de ataque. Rioja metió el balón en el área, uno no llegó a despejar, al otro, Sergi Gómez, le botó delante, al de después, Koundé, le fue imposible saltar más que un futbolista que lo supera en unos pocos de centímetros y encima Bono se quedó en una media salida también sin mucha explicación. Lo cierto es que a Édgar Méndez le bastó con ir con fe al balón y con rozar para poner las tablas otra vez en el marcador.

El gol, lógicamente, había servido para resucitar a un Alavés que hasta entonces era un mar de dudas y que desde ahí iba ya con la fe de un fundamentalista a por cada balón sin dueño. El Sevilla parecía confuso y acusaba también, por qué no decirlo, la ausencia de Diego Carlos en su defensa, entre otras cosas porque el sustituto que había elegido Lopetegui, Sergi Gómez, no transmitía ni la mitad de la seguridad del brasileño. Aunque Bono no sufriría ninguna llegada del Alavés digna de ser consignada en el bloc de notas, la situación no era la misma, porque ya los locales sí creían en sus posibilidades de rascar algo.

El golazo de Suso en un fútbol con público hubiera merecido el pago de la entrada

Afortunadamente para el Sevilla, sin embargo, llegaría uno de esos golazos por los que merece la pena pagar la entrada de un partido de fútbol, por mucho que eso ahora mismo sea una verdadera entelequia. En una salida sevillista, la pelota le cayó a Suso, el gaditano se perfiló hacia su pierna buena y se atrevió a disparar, algo no demasiado habitual en el manual sevillista. El golazo fue impresionante, el balón se alojó en la escuadra e hizo inútil la estirada de Pacheco. Ahí, sencillamente, es imposible llegar.

El Sevilla se iba al intermedio por delante en el marcador y con unas circunstancias tremendamente favorables para vivir, por fin, una noche plácida en un partido de fútbol. Pero no, es imposible que así sea cuando los que vestían de blanco se limitaban a dejar pasar el tiempo sin que nada sucediera. Sólo Koundé era capaz de interpretar el guion por sí mismo y saltarse lo establecido después de que el Alavés siguiera con once en una plancha alevosa de Édgar Méndez sobre Ocampos.

¡Cómo se puede mirar después en el VAR para corregir si no se acude para ver esa acción que puede dejar varado a un rival durante varios meses, porque sí se puede rearbitrar desde el mismo momento en el que el jugador local vio la tarjeta amarilla!

Pero no, siguió todo igual y el riesgo, por supuesto, es que se produzca algún incidente y más en un fútbol, el actual, que no entiende de intenciones y sí premia los accidentes. Le habían anulado a los nervionenses un gol por un balón que toca en la mano de En-Nesyri después de darle de cabeza y porque Ximo Navarro se empeña en metérselo en su portería. Después llegaría el balón que rebota en la mano de Koundé después de tocarlo el propio francés y un rival y con el central sevillista con la rodilla en el suelo. Penalti y ahí, afortunadamente, apareció Bono para evitar el duro rejón de castigo. El Sevilla era infinitamente y los tres puntos ya lucen en su clasificación para la eternidad.

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