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Bayern contra Sevilla: Campeón vs. campeón en la Supercopa

24 de septiembre de 2020, 35 días justos han transcurrido desde que el Sevilla se volviera a reencontrar con la gloria al coronarse en la Liga Europa por sexta vez. Justo dos jornadas después, es decir 33 días ha, el Bayern hacía lo propio en Lisboa al conquistar la Champions. Budapest, por tanto, acoge esta noche en el Puskás Arena a dos campeones, a los dos últimos que alzaron una copa al aire rodeados de papelillos con sus colores, prácticamente los mismos dicho sea de otra parte, pues el rojo predomina como seña de identidad aunque en los sevillistas el blanco también sea una parte igual de importante.

Aunque con muchos recelos por el rebrote del coronavirus y la presencia de público, la capital húngara está preparada para acoger una fiesta futbolística, pues la cuestión principal para jugar esta Supercopa de Europa es haberse proclamado con anterioridad campeón de una de las dos competiciones continentales y eso ya es un motivo de gozo suficiente para quienes tienen la suerte de profesar la fe balompédica de la entidad que lo consigue. Basta con que sea sólo una vez incluso, pero en el caso del Sevilla ya va por media docena y por ello no es extraño que sea, junto al Real Madrid, la entidad que ha estado presente en este tipo de partidos más veces a lo largo del presente siglo XXI.

Ni que decir tiene, pues, que la gozadera que han podido disfrutar los suyos tiene difícil parangón, pues es un gustazo eterno multiplicado por seis. ¿Y quiere decir todo esto que por mucho que esto sea una fiesta añadida no haya nada que competir a pesar de que enfrente esté teóricamente el mejor equipo del continente? En absoluto, no hay ni un solo sevillista que no recuerde con amargor las circunstancias en las que dejaron escapar las cuatro finales que perdieron en esta competición.

Por supuesto que todos prefieren quedarse con el recuerdo del añorado Antonio Puerta driblando a medio Barcelona antes de que se le fuera el balón fuera cuando ya disfrutaban de lo lindo ese tres a cero sobre un coloso que, entonces, se consideraba como absolutamente invencible. Era aquel Barcelona que lideraban Ronaldinho y Eto’o y en el que ya comenzaba a entrar un jovencillo llamado Leo Messi. Pero es que, además, los tres estaban rodeados de unos secundarios extraordinarios como Deco, Víctor Valdés, Puyol, Xavi y un buen puñado de excelentes futbolistas. Seguro que aquella montaña a escalar en Mónaco no era más baja que el actual Bayern München, en absoluto, y ese Sevilla que cincelaba Juande Ramos desde el banquillo escribió una de las páginas más bellas de su historia al imponerse de cabo a rabo al coloso azulgrana.

La memoria es selectiva, vaya que sí, y seguro que ésa es la imagen que han preferido guardar en sus discos duros todos los seguidores del Sevilla Fútbol Club, pero basta con darle algo de hilo a la cometa de la conversación para que surjan los recuerdos del resto de las finales perdidas en esta Supercopa. Empezando por la que jamás se debió haber jugado contra el Milan de nuevo en Mónaco en unas condiciones lamentables por la cercanía de la despedida de Puerta, con el dolor y el lastre físico que eso conllevaba para todos los que defendían el escudo sevillista…

...Pero hasta ese día el dolor por la derrota también fue duro, porque todos querían homenajear al ídolo caído y no pudo ser. Más complicado es hallar recuerdos de aquella cita en Cardiff en la que se producía el traspaso de Alberto Moreno al Liverpool y en la que el Real Madrid fue tan superior que apenas hubo partido, todo lo contrario de las dos últimas contra el Barcelona en Tiflis y ante el Madrid de nuevo en Trondheim, una Supercopa que debió viajar hacia las vitrinas del Ramón Sánchez-Pizjuán y que no lo hizo sencillamente porque esto es fútbol y el que gana es el que anota más goles en el acta, sin más discusión posible.

Son cuestiones relacionadas con la memoria y que nunca está de más refrescarlas para poner en situación lo que esta noche va a acontecer en el Ferenc Puskás Arena de Budapest. Que el Bayern parte como claro favorito en las apuestas, por supuesto que sí, cómo no lo iba a ser después de endosarle un 8-0 al Schalke en su primera comparecencia en la actual Bundesliga y de repetir, por tanto, la cifra que situó en cierta noche lisboeta contra el Barcelona de Messi. Pero, ojo, los alemanes van a tener enfrente a un rival indómito, a un Sevilla, el de Lopetegui, que ha demostrado más de una vez que sabe sufrir hasta el final para conseguir los objetivos que se propone.

No en vano, el anterior curso, el que se cerró hace 35 días en el césped del estadio del Colonia, fue capaz de clasificarse para la Liga de Campeones y de conquistar ese sexto título de la Liga Europa a pesar de cruzarse por su camino con dos escuadras italianas y dos inglesas, nada más y nada menos que Inter, Manchester United, Wolverhampton y Roma. No eran, ni muchísimo menos, la versión moderna de aquel Escaleritas al que tantas veces apelaba el sabio Luis Aragonés para ejemplificar sobre rivales endebles.

Los hombres de Lopetegui, pues, llegan a Budapest con todo el derecho a ilusionarse y, sobre todo, a competir con el Bayern. Para ello, el técnico vasco, con apenas tres amistosos contabilizados después del corto periodo vacacional, ya no dispondrá de Banega, sobre todo el argentino, ni de Reguilón, que son los dos titularísimos que, de momento, han abandonado la plantilla en busca de horizontes más rentables en el aspecto económico.

Pero, en general, el nivel con los sustitutos permite suponer que este Sevilla es aún más fuerte sobre los papeles que el que completara el anterior curso. Cierto que faltan aún retoques, tanto en lo referente a salidas importantes como a las deseadas llegadas, pero el cuadro de profesionales ha sido reforzado con la entrada de Rakitic y Óscar Rodríguez en el centro del campo y que también el lateral argentino Acuña, con unas características completamente diferentes, puede conseguir que su posición no se resienta mucho con la marcha de Reguilón al Tottenham. Y que nadie olvide que donde antes había fichas libres sin canteranos, ahora pueden incluirse en la relación de 25 Carlos Fernández, Bryan y Pozo, los tres con una experiencia más o menos satisfactoria en sus respectivas cesiones a equipos de la Primera División española. Por supuesto que esta referencia es concreta al día de hoy, que aún no se sabe qué pasará con ellos antes de que el 5 de octubre cierre el mercado estival.

De cualquier forma, apuesten a la continuidad en la alineación de Lopetegui en el Puskás Arena como una forma de homenajear a quienes levantaron la Liga Europa en Colonia. Ellos pelearán con el Bayern con 500 sevillistas en las gradas, gran diferencia con entonces, y con la ilusión de ser el campeón de los campeones. De eso se trata siempre, de ganar, y este Sevilla ha demostrado con su apelación constante a la resiliencia que sabe hacerlo.

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