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Así se vivió en el campo base lo que ocurrió en el K2

Hay un dicho de periodistas, de los clásicos como yo, que estudiamos la carrera allá por la década de los ochenta, que afirma que tan malo es un día sin noticias como uno con demasiadas. Evidentemente, era un axioma aplicable a un periodismo circunscrito a la prensa escrita, donde existía unos límites físicos evidentes, como era la paginación de un periódico.

Con la llegada de internet y el periodismo digital, la frase ha quedado en desuso. Al contrario, las ediciones digitales de los periódicos son un monstruo voraz que hay que alimentar continuamente y que engullen todo lo que les dé, desde el acuerdo del Brexit a la última mamarrachada de Kiko Rivera. Así que hoy en día el problema es la falta de noticias. Más aún para un periodista al que su medio ha enviado a la otra punta del planeta para cubrir la ascensión invernal a un ochomil del alpinista más destacado de su área de cobertura.

Y en esas estábamos ayer por la mañana. La jornada se planteaba tranquila, demasiado para mi gusto, con Alex Txikon, Simone Moro y todo su equipo realizando labores rutinarias en la montaña. La diferencia horaria entre Nepal y Euskadi juega en este caso a mi favor, y me da margen para preparar alguno de los reportajes que tengo previstos si se confirma que el día de los alpinistas queda en rutina.

Estaba dándole vueltas a alguno de esos reportajes cuando llegó la noticia de que había en marcha un ataque a cima en el K2 por parte de un potente grupo de 10 sherpas, que pese a algunas noticias contradictorias, seguía adelante bien entrado el sábado. El día se animaba. Para un periodista enamorado de las montañas y el alpinismo como yo cubrir esa noticia desde el campo base de otro ochomil, escuchando los comentarios de alpinistas como Alex Txikon o Simone Moro es simplemente apasionante.

Pero cuando estábamos esperando la confirmación de la cumbre de los sherpas todo cambió. Simone Moro recibió una llamada . El rictus que tomó su rostro anunciaba que lo que le estaban contando al otro lado no eran buenas noticias. Colgó el teléfono y la frase cayó como una losa en el domo comedor. «Sergi Mingote ha sufrido un accidente bajando del C-1 al CBA y está herido. Me han pedido que les ayude en las gestiones para agilizar el rescate con los helicópteros».

Tragedia y gloria en el K2: fallece el catalán Sergi Mingote y se holla por primera vez en invierno

Desde luego, habían ido a dar con la persona adecuada para lograr ese objetivo. Simone Moro, experto piloto de helicóptero, conoce a todas las personas y organismos necesarios para agilizar un rescate en el Himalaya o el Karakorum, sobre todo en este último, donde los rescates siguen militarizados. Es, por ejemplo, amigo personal de Rashid Ullah Beg el piloto paquistaní que arrancó literalmente de la pared Nanga Parbat a Tomaz Humar en 2005 en un rescate 'long line' que entonces se consideró histórico. Rashid es hoy general en el Ejército pakistaní y uno de los responsables de la firma paramilitar responsable de los rescates, que solo pueden hacer ellos al ser considerado el Karaorum 'zona de guerra' por Pakistán.

Asistir en directo a las gestiones para el rescate de un alpinista en un ochomil es otra de las experiencias que marcan, profesional y personalmente. Lo viví en 2004 en el K2 y en 2011 en el Everest. En la vertiente periodista, el debate interno es inevitable. Por suerte o por desgracia, tengo conciencia y el pronto de informar pugna con el respeto a una familia que quizás se enteré por tu tuit o tu post de lo que le está ocurriendo a su marido, su hijo o su padre a miles de kilómetros.

Media hora después de que Simone iniciará las gestiones, y aún con todas las dudas del mundo (admiro, pero también me dan un poco de miedo, esas personas que lo tienen todo claro en la vida), publiqué el tuit informando del accidente. Las alertas de que la familia podía no estar informada no se hicieron esperar.

En ese sentido, valoré especialmente el comentario que hizo en Twitter Jorge Nagore. Para quien no lo conozca, Jorge Nagore es periodista. Amigo personal del malogrado Iñaki Ochoa de Olza, formó parte del grupo de personas que coordinó el rescate del alpinista navarro en el Annapurna en 2008.

«Eres periodista y creo que la labor de periodista es dar la información, una información que antes o después va a tener que conocer la familia, si es que no la conocía ya. Cuanto antes se sepa algo de este tipo, más margen hay para mover posibles ayudas a alto nivel. Hiciste bien». Yo no lo hubiese expresado mejor. Ayer le di las gracias y hoy se las reitero.

Pero los acontecimientos estaban dispuestos a llevarse por delante toda previsión. Prácticamente a la vez que Seven Summit confirmaba la cumbre de los 10 sherpas, desde el campo base del K2 informaban a Simone que Sergi Mingote había fallecido. Todo había acabado. Ya no había prisa, ni para gestionar la evacuación urgente del alpinista ni para hacer pública su muerte, que comenzaría a rodar por las redes sociales una hora más tarde. Solo quedaba escribir una de las crónicas más contradictorias de mi vida. Gloria y tragedia en el K2. Un día largo y duro en la oficina.

«La noche más larga de mi vida: no puedo dormir, tengo sensación de ahogo, me duele la cabeza...»

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