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Así es Dominic Cummings, el «Rasputín» de Johnson que puede dimitir por saltarse el confinamiento

Dicen en los pasillos de Whitehall que Dominic Cummings es a Boris Johnson lo que Rasputín al zar Nicolás. Aunque en la analogía hay una importante diferencia: mientras que la zarina Alexandra estaba tan absolutamente obnubilada por el monje con fama de sanador que incluso llegó a declararle en una carta que solo tenía un deseo, «caer dormida, dormir para siempre en tus hombros, abrazada por ti» (no nos equivoquemos, que su declaración no era romántica, sino la de una persona agobiada a su más fiel confidente), la pareja del primer ministro británico, Carrie Symonds, lo último que desea es un abrazo de Cummings. La periodista y el político, de 48 años, no hacen buenas migas. Aunque ella no es la única que no tiene buena relación con el consejero favorito de su pareja: si el pasado febrero la prensa británica se hizo eco de una acalorada discusión entre ambos en relación con la reestructuración del gabinete que el premier puso en marcha, desde entonces la polémica en torno a Cummings no ha dejado de crecer.

Acusado por la prensa y por algunos ministros y asesores de tener una actitud muy agresiva que perjudica al jefe del Gobierno y, por tanto, al país, provocó entonces la salida del Ejecutivo de un peso pesado en media reorganización tras el triunfo del líder conservador en las elecciones del 12 de diciembre y tras la puesta en marcha del Brexit el 31 de enero. El exministro del Tesoro Sajid Javid renunció de forma inesperada después de haber recibido la orden de despedir a su propio equipo, a lo que se negó. Según un portavoz, «el primer ministro le indicó que tenía que despedir a todos sus asesores especiales y reemplazarlos con asesores especiales designados por “el número 10” (la oficina del jefe del Gobierno). El canciller dijo que ningún ministro respetuoso con su equipo aceptaría esos términos». Inmediatamente fue reemplazado por el hasta ahora secretario en jefe del Tesoro, Rishi Sunak, que ha cobrado un gran protagonismo durante la crisis provocada por el coronavirus. John McDonnell, canciller en la sombra del Partido Laborista, aseguró que «Dominic Cummings claramente ha ganado la batalla para tomar el control absoluto del Tesoro e instalar a su títere» como ministro de Finanzas.

La renuncia de Javid se produjo en medio de una escalada de tensión con Dominic Cummings, el principal asesor y mano derecha de Johnson, que no deja de aumentar. Hace una semanas volvió a estar en el centro de los cuestionamientos después de que un medio británico revelara que asistió a algunas reuniones del Grupo Asesor Científico para Emergencias (Sage), encargado de aconsejar al gobierno en relación a la emergencia del Covid-19, lo que despertó la desconfianza y múltiples críticas desde diversos frentes, incluida la oposición, y provocó que el Ejecutivo publicara la lista de miembros del Sage, en un ejercicio de trasparencia a medias, ya que su nombre no figura en ella. Los medios y la población se preguntaron, una vez más, por qué parece que Cummings está siempre detrás de todo lo que se cuece en el Gobierno y su presencia puso en duda la independencia del grupo científico.

En medio de una pandemia que acapara la mayoría de las noticias, su nombre ha vuelto a los titulares, tras conocerse que se saltó el confinamiento al que está sometida la población británica desde el pasado 23 de marzo al desplazarse entre su vivienda de Londres y el hogar de sus padres en el condado de Durham, a unos 400 kilómetros de distancia, según reveló una investigación de los periódicos The Mirror y The Guardian, cuando la pareja tenía síntomas de Covid-19. Cummings justificó la decisión en que su hijo necesitaba ser “atendido adecuadamente”. Este fin de semana, otros medios informaron de que se habría saltado el confinamiento en más ocasiones.

La policía de Durham condenó los hechos tras hablar con la familia del político, al menos una decena de diputados de su propio partido han pedido su dimisión y el líder del opositor partido Laborista, Keir Starmer, exige una investigación y condena la pasividad del primer ministro Boris Johnson, que ha cerrado las puertas a cualquier crítica, defiendo a capa y espada a su mano derecha.

El llamado «arquitecto del Brexit», ya que fue no solo uno de los principales promotores del divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea, sino su principal estratega, nació en Durham, al noreste de Inglaterra, en 1971. Está casado con la periodista Mary Wakefield, editora de la revista «The Spectator», donde también trabajó Johnson, y se convirtieron en padres de un niño en el 2016. Fanático de Rusia y de su cultura, habla perfectamente el idioma y es un ávido lector de novelistas como Dostoievski.

Según el famoso periodista de «The Guardian» Patrick Wintour, está obsesionado con Anna Karenina, Bismarck y las matemáticas. Quizá de ahí viene su paciencia para hacer cálculos, tanto matemáticos como políticos. El último que le ha salido bien fue la ruptura del llamado «Muro rojo», las regiones tradicionalmente votantes del Partido Laborista que en las pasadas elecciones eligieron a los tories. Y les sirvieron el triunfo en bandeja.

También es un amante de la ciencia y la tecnología, y se cree que, también por influencia suya, Boris Johnson le ha dado una gran importancia a estas áreas en sus discursos. La idea de convertir al Reino Unido en una potencia científica en la era post-Brexit fue una de las grandes promesas del premier, que incluso ha dicho que, pese a sus planes de regular la inmigración con un estricto sistema de puntos, los científicos de alto nivel tendrán «vía libre» para vivir y trabajar en el país.

Graduado en historia moderna por la Universidad de Oxford, Cummings tuvo su gran incursión en el Gobierno británico en 2007 bajo la protección del entonces secretario de educación Michael Gove. Y desde entonces se ha labrado un camino con pocos amigos, cada vez más enemigos y grandes victorias. Pese a ser tan inteligente como creativo, algo que nadie niega, sus formas ponen de los nervios a más de uno, ya que puede ser tan carismático como explosivo.

En todo caso, la mejor forma de conocerlo –o no– es leer su blog, en el que no se corta un pelo con sus opiniones. O leer lo que piensan otros de él. Como el ex primer ministro David Cameron, que en 2014 lo llamó «psicópata profesional». Boris Johnson, sin embargo, es su más fiel protector.

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