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Antic, adiós al fútbol minucioso, a la amistad sin condiciones

Muere Radomir Antic, un hombre que deja grandes recuerdos en el fútbol, en especial para el Atlético de Madrid, después de luchar durante meses contra una complicada enfermedad. Pero muere, sobre todo, un hombre que dejaba amigos allá por donde pasaba, por equipos que no necesariamente vestían de rojiblanco, como de ello pueden dar testimonio Míchel, Fernando Hierro, Andrés Iniesta o Víctor Valdés, y gran parte de quienes han estado vinculados al Real Zaragoza o al Real Oviedo. Lo mismo sucedía en los medios de comunicación, entre ellos EL MUNDO, donde sus opiniones eran claras y duras, nada políticas. Así era Antic, cercano y cálido en el trato personal, directo y exigente en lo profesional. Un entrenador minucioso y un hombre que hizo de la amistad, como escribió Tahar Ben Jelloun, una religión sin Dios.

Radomir había nacido en Zitiste, en Yugoslavia, en 1948. Es seguro que le habría gustado que se dijera de esa forma: Yugoslavia. A pesar del éxito y el bienestar para su familia, asentada en Madrid, al que le había llevado el fútbol, jamás dejó de atormentarse por el sufrimiento de su pueblo durante y después de la guerra de los Balcanes. Ese pueblo eran todos, no únicamente los serbios. Era imposible encontrar un anfitrión como Rado en Belgrado, siempre en el aeropuerto esperando para explicar cada lugar y cada episodio de la historia de su tierra. Hijo de militar, había sido educado con severidad y austeridad. Solía recordar, a menudo, la anécdota de la primera vez que, casi adolescente, apareció en un periódico local por un partido de fútbol. Se lo mostró a su madre y ésta le contestó: "Muy bien, hijo. Mañana todo el pueblo irá al servicio contigo".

El fútbol era su profesión y su pasión, pero lo era, en realidad, todo el deporte. Era un consumado jugador de ajedrez, jamás se perdía un partido de Novak Djkovic, al que le unía una excelente relación, igual que con los grandes técnicos del baloncesto balcánico, desde Zeljko Obradovic a Boza Maljkovic. Era un conversador infatigable, pese a su atropellado español, y un hombre de familia, que no dudaba en abrir su casa a sus amigos, muy próxima a la de Mariano Rajoy, en Aravaca, Madrid. Si le decías si podías verle, siempre contestaba con su acento metálico: "¡Sin lugar duda!"

Férreos principios

De todos los equipos era capaz de contar alguna anécdota, como cuando decía a Emilio Butragueño que dejara de presionar, porque necesitaba sus energías para otra cosa, y que para lo otro ya estaba Adolfo Aldana. Del Madrid lo echó Ramón Mendoza cuando el Madrid estaba líder, antes de acabar despeñado en Tenerife, y en el Atlético encontró la cima con el doblete en el año 96, frente a un ya decadente Barcelona de Johan Cruyff. Había convivido con Jesús Gil, a quien recordaba bajo sus principios de la amistad y de la gratitud, pese a todo lo demás y a un descenso que también le tocó sufrir y del que tenía muchas sospechas. Con ese secreto nos ha dejado.

Había viajado por numerosos países, ya que después de triunfar en el Partizan de Belgrado como jugador se marchó a Turquía, al Fenerbahçe. A continuación llegó su primer paso por España, para jugar en el Zaragoza, en 1978. De ahí pasó al Luton Town, etapa que le había dejado un gran recuerdo del fútbol inglés. Como entrenador, recorrió prácticamente el mismo ciclo, Partizan y Zaragoza, donde tuvo como segundo a un licenciado en Filosofía y Letras que no se había perdido, todavía como estudiante, ningún entrenamiento de otro compatriota serbio, Vujadin Boskov. Era Víctor Fernández, que después triunfaría en el puesto de primer entrenador. Antic, no obstante, llevó aquel año al equipo maño a la UEFA.

Los métodos de la escuela yugoslava ya se habían mostrado avanzados para los españoles no sólo por Boskov, sino en la era Miljan Miljanic, uno de los primeros en llegar a la Liga, como bien recuerdan Del Bosque y los futbolistas de la época en el Madrid. Antic era un heredero de esa tradición. Míchel o Hierro recuerdan bien sus formas y, hoy, se encuentran entre algunas de las personalidades del fútbol más impactadas por su muerte. Esa forma de trabajar hizo campeón al Atlético pero no pudo enderezar a un Barcelona de locura en los últimos años del nuñismo, con Joan Gaspart al frente. "Dos meses allí eran como dos años en otro lugar", recordaba. La selección serbia, en el Mundial de Sudáfrica, fue su último gran desafío, llamado por su país en misión de salvación. El fútbol chino, en los últimos tiempos, fue un paso testimonial de alguien que era entrenador todos los días, y amigo para siempre.

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