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Ana García: «Las tensiones por el confinamiento pueden influir en la estabilidad de la pareja»

Primero fueron quince días y ahora son otros quince más. No pase las hojas del calendario porque todavía no se sabe si se prolongará o no el estado de alarma. Todo dependerá de la evolución de la expansión del coronavirus. Lo que está claro a día de hoy son las consecuencias. Las calles están vacías y las casas, llenas. Personas solas, familias y parejas intentan sobrellevar la cuarentena de la mejor manera posible. Hay quienes improvisan un gimnasio, quienes matan el tiempo innovando en la cocina o quienes dan rienda suelta a la imaginación y se ponen a entretener a los niños recreando las fases de la luna con galletas Oreo. Pero las ideas se acaban y surgen los peros. Permanecer en casa, no tener un espacio individual ni poder reunirse con los amigos son situaciones a las que no estamos acostumbrados y que pueden repercutir en la pareja. Sin necesidad de llegar al extremo de los divorcios «se pueden generar tensiones y roces», explica la psicóloga de pareja Ana García. Lo bueno es que hay soluciones.

-¿Por qué esta situación de confinamiento afecta a las parejas?

-Nos situamos ante una experiencia desconocida tanto a nivel individual como colectivo. Coexistimos en un espacio limitado y cerrado con el único apoyo y compañía de las personas que conforman nuestro núcleo convivencial. Si bien todos y todas tenemos la certeza de que se trata de un periodo transitorio, no tenemos un modelo de experiencia previa a seguir. Ahora, la casa es el escenario en el que sucede todo en una pareja, no disponemos de los recursos y herramientas que habitualmente suelen ser utilizados tras un conflicto: salir a dar un paseo, hacer ejercicio al aire libre, reuniones con amigos, etc. Esto genera una situación de estrés e incertidumbre, ya que resulta más complicado poder adelantarnos a las emociones y sensaciones que vamos a experimentar.

- De ahí que se produzcan más roces de los habituales...

-Sí, fruto de este estrés nacen tensiones que pueden derivar en conflictos familiares y de pareja. La manera en que dichos conflictos sean gestionados, así como su frecuencia y su forma, influirán y afectarán directamente en las relaciones.

«A mayor estrés, mayor tensión y más posibilidad de dificultades en la gestión de conflictos»

-Parejas hay muchas y muy diferentes. ¿Influye de alguna manera la edad que tengan en la forma de afrontar este confinamiento?

-Las parejas que se encuentren entre lo que se conoce como 'población de riesgo' -mayor de 60 años- podrán experimentar un mayor grado de estrés debido a la incertidumbre y preocupación por su estado de salud. A mayor estrés, mayor tensión y más posibilidad de dificultades en la gestión de conflictos. Sin embargo, el factor que resulta más determinante en la forma de afrontarlo reside en el momento vital en el que se encuentra cada pareja, así como en la idiosincrasia de cada una. Puede haber parejas que hayan iniciado este confinamiento en una situación de crisis, y otras que estén en un buen momento, puede que otras estén en una fase de estancamiento o, incluso, parejas que no se hayan planteado cómo están.

-¿Es exagerado decir que este puede ser un mes de riesgo para la convivencia y la estabilidad de las parejas?

-Existe un riesgo potencial de que se acumulen tensiones y esto influya en la estabilidad de la pareja. Nos encontramos ante un estilo de vida y gestión del tiempo al que no estamos habituados, no disponemos de espacios individuales, y el propio aislamiento genera momentos de apatía, de negatividad y dramatismo. Por otra parte, es importante darnos la oportunidad de escuchar esta cinta por la cara B. Podemos vivir esta situación de confinamiento como 'un reto' o 'una oportunidad' que se nos ha ofrecido. Para parar, compartir momentos, estar en el aquí y ahora. Se trata de sostener nuestras propias emociones y en ocasiones también las del otro, así como generar nuevos canales de comunicación, para hacer de la convivencia un espacio seguro.

La psicóloga Ana García
La psicóloga Ana García

-¿Es el tiempo en sí lo que produce roces en la relación o la forma en la que se comparte ese tiempo?

-Es habitual que las consultas de psicólogos y psicólogas tengamos una mayor demanda tras periodos vacacionales, tras la época estival o pasadas las Navidades, por ejemplo. Hay que tener en cuenta que las vacaciones son una opción elegida para poder disfrutar de unos días en pareja, en familia, solos o con amistades, y a pesar de esto surgen crisis importantes. Una de las grandes dificultades del confinamiento es la sensación de 'no elección' y 'no control' de la situación. Esta sensación puede llevarnos a emociones como la apatía, el enfado y la frustración, produciendo una visión negativa de la realidad que estamos viviendo y de lo que podrá ser en el futuro más próximo. Por lo tanto, tanto el tiempo en sí, como la forma en la que decidimos compartirlo puede producir roces en las relaciones de pareja. Y no podemos olvidar que cuando el contexto o el entorno no cambia, tenemos la opción de cambiar nosotros y nosotras y adaptarnos a la situación mediante una interpretación más positiva de nuestro acontecimiento de vida.

«Es importante no dramatizar y subrayar lo que no funciona, sino también enfatizar lo que funciona y nos une como pareja»

-Una de las consecuencias del confinamiento puede ser el divorcio, como se ha visto en China. ¿Le sorprende? ¿Podría pasar aquí lo mismo?

-No me sorprende para nada. El aislamiento nos lleva a todos y todas a un proceso de conciencia individual en el que reparamos más en nuestras propias necesidades y disponemos de ese tiempo de reflexión y autocuidado, que en la vorágine del día a día no nos permitimos tanto. El hecho de compartir un lugar limitado y cerrado hace que podamos analizar profundamente a las personas con las que lo compartimos, y así sorprendernos y/o ratificarnos en nuestros pensamientos. No creo que el resultado final de una pareja tras un aislamiento dependa del lugar del mundo en el que viva, sino que, como he mencionado antes, depende especialmente del momento vital de la pareja, de cómo estaba antes del confinamiento. A modo preventivo, sería recomendable en este sentido que, ante situaciones de conflicto, no caigamos en dramatizar y subrayar lo que no funciona, sino también enfatizar lo que funciona y nos une como pareja.

-Miremos también el lado positivo de no poder salir de casa. ¿Esta vivencia puede aportar una sensación de unión y reforzar a una pareja?

-¡Claro! Podemos crecer mucho juntos. Puede ser una experiencia enriquecedora, desde la que poder construir más la intimidad, la confianza, la complicidad, el respeto, reforzar el compromiso y el apoyo mutuo, incluso disfrutar de nuestra intimidad individual en convivencia. Además, no podemos olvidar que, para bien o para mal, la situación de aislamiento es compartida, no es una decisión tomada por una de las partes de la pareja. Esto quiere decir que puede resultar más sencillo empatizar con las emociones del otro. Poder expresar cómo nos sentimos y aprender a gestionar juntos esta situación nos ayudará a aprender nuevas habilidades de afrontamiento, y así salir reforzados y poder ser más resilientes. Normalizar y permitirnos las emociones que estamos experimentando (preocupación, miedo, angustia, apatía...) y poder comunicarlas de manera abierta, así como esforzarnos en la escucha activa, puede ayudarnos a buscar soluciones eficaces conjuntamente.

«La paciencia y la flexibilidad serán buenas aliadas para la convivencia en el aislamiento»

-¿Hay algo que sea necesario tener en mente para ver el lado bueno?

-Es muy importante saber que no es momento de juicios, reproches, ni exigencias. Tenemos que tratar de no proyectarnos en nuestra pareja, sino enfocarnos en la aceptación de uno/a mismo/a y del otro, valorar aspectos positivos de la relación a través de la ternura, el cariño y el amor. Tomar conciencia de la fortaleza y el poder del vínculo que hemos creado nos ayudará a tener una sensación de mayor seguridad y satisfacción. Inevitablemente experimentaremos momentos de desbordamiento; entonces podremos practicar la identificación de emociones y la petición de ayuda al otro. Vivir a nuestra pareja como un apoyo cuando no nos sintamos capaces de gestionar nuestros estados de ánimo puede aportarnos una sensación de calma en la relación.

-¿Qué pautas deben seguir las parejas para salir reforzados de esta situación que no ha hecho más que empezar?

-La comunicación es esencial para la gestión de la situación que nos concierne, transmitir correctamente lo que nos molesta ayudará a sentirnos más comprendidos/as y calmados/as. En el día a día es importante poder pactar una serie de horarios y rutinas en casa; hora de acostarse y levantarse, tiempo de realizar tareas del hogar, horario de comidas, tiempo de ocio, rutinas de ejercicio, etc. Y, por supuesto, tenemos que responsabilizarnos del compromiso que hayamos acordado. La paciencia y la flexibilidad serán buenas aliadas para la convivencia en el aislamiento. Un estado de ánimo que puede convertirse en parte de la experiencia es la apatía; para hacerle frente tenemos que esforzarnos en buscar formas de entretenimiento conjuntas y momentos de intimidad en la pareja. Pero, por otro lado, respetar el espacio individual es vital para afrontar esta situación, dándonos permiso mutuo para buscar momentos de soledad cuando los necesitemos. Hablar con otras personas, como familia o amigos, aliviará nuestra tensión y ayudará a nutrirnos y a que esta situación particular no ocupe todo nuestro tiempo. No tratar de anteponer siempre nuestras necesidades facilitará la empatía y la compresión del otro. Tenemos que ser conscientes de que el otro no es el responsable de nuestro malestar, por lo que debemos sentirnos como apoyo y compañía para afrontar de la mejor manera posible esta situación.

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