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Alzhéimer y COVID-19: la suma de dos "pandemias" que multiplica el deterioro cognitivo y el riesgo de contagio

La crisis sanitaria que ha desencadenado el COVID-19 está teniendo un "gravísimo" impacto en las personas que padecen alzhéimer. Su salud física ha empeorado, el deterioro cognitivo es mayor y sufren con más frecuencia episodios de ansiedad, irritabilidad, estrés o insomnio, algo a lo que hay que añadir otro hecho no menos relevante: la incapacidad para comprender y recordar las medidas anti coronavirus hace que aumente el riesgo de contagio en este colectivo al que le ha tocado sufrir la suma de "dos pandemias".

Esas son algunas de las conclusiones que comparten desde la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA) y la Fundación Alzheimer España (FAE), coincidiendo con del Día Mundial del Alzheimer, un trastorno neurodegenerativo aún sin tratamiento que afecta en España a 1,2 millones de personas.

Según datos de la Sociedad Española de Neurología, cada año se diagnostican en el país unos 40.000 nuevos casos de alzhéimer y se estima que el 80% de los que aún son leves están sin diagnosticar

“El mensaje más importante que hay que trasladar es que las consecuencias de la enfermedad del Azheimer este año se han visto agravadas por las consecuencias de la pandemia, que ha empeorado y acelerado el deterioro cognitivo”, señala la presidenta de (CEAFA), Cheles Cantabrana.

Es por eso que uno de los lemas con el que la Confederación llega a este día es el de “La pandemia tras la pandemia”, con el que tratan de incidir en el riesgo que representan las circunstancias actuales para una enfermedad también muy expandida entre la población. 

Empeoramiento funcional, a nivel cognitivo y físico

Desde el inicio del estado de alarma en España, las personas con deterioro cognitivo han sufrido una ruptura con la asistencia a los centros de día y con las terapias que intentan frenar el avance de la enfermedad, algo que ha tenido un efecto muy negativo en su salud.

“Esta desconexión ha generado un empeoramiento funcional -a nivel cognitivo y físico- en las personas con alzhéimer, provocando alteraciones conductuales y psicológicas y acelerando el avance de la enfermedad y su deterioro”, advirtió la presidenta de FAE, Micheline Selmès, durante la jornada 'La Enfermedad de Alzheimer en tiempos de coronavirus', celebrada el pasado jueves con motivo de este Día Mundial de la enfermedad. 

Fenómenos como la agitación, la apatía o la agresividad se han intensificado en los pacientes que ya los manifestaban antes de la pandemia, pero, además, han aparecido por primera vez en otras personas que nunca los habían expresado. Del mismo modo, han aumentado los episodios de enfado, ansiedad, insomnio o estrés, según varios profesionales de la psicología consultados por RTVE.es.

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Mayor riesgo de contagio

Otro de los principales problemas que apuntan desde CEAFA y FAE tiene que ver con el riesgo de contagio, que es mayor en los enfermos de alzhéimer debido al deterioro cognitivo que padecen.

“Aunque la Enfermedad de Alzheimer no conlleva por sí misma un aumento del riesgo de infección por COVID-19, la limitación en poder gestionar la información sobre el coronavirus, la menor capacidad para adaptarse a situaciones nuevas, y la dificultad para comprender y recordar las medidas higiénicas (lavado de manos, mascarilla, distancia social, etc.), aumenta el riesgo de contagio en estos pacientes”, señala el doctor David Pérez, jefe de Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.

La dificultad para comprender y recordar las medidas higiénicas aumenta el riesgo de contagio en estos pacientes

Siguiendo esa misma línea, la psicóloga Ana Vázquez, especializada en enfermedades neurodegenerativas, explica que las personas con algún grado de deterioro cognitivo tienen dificultades, principalmente, “con la incorporación de información nueva y reciente”. Esto hace que seguir las medidas les resulte “más difícil o, en ocasiones, imposible”.

“En otros casos, incluso las dificultades de movilidad pueden llevar a que no puedan lavarse las manos con la frecuencia necesaria o a que, por su inestabilidad, tengan mucho contacto con superficies que pueden ser un foco de infección, como por ejemplo sillas de ruedas, andadores, o pasamanos”, añade Vázquez.

¿Cómo les afecta un contagio de coronavirus?

Detectar la infección de coronavirus en un paciente con alzhéimer es también más complicado porque ellos tienen dificultad para expresar lo que sienten y describir sus síntomas, que en algunos casos son atípicos (confusión, delirio o agitación) y pueden retrasar el diagnóstico.

A esto se une que el principal factor de riesgo genético para desarrollar Enfermedad de Alzheimer esporádica (ApoE 4) también predispone a desarrollar una infección por coronavirus más grave y con una mayor mortalidad, independientemente de que la persona haya desarrollado ya deterioro cognitivo o no, según investigaciones recientes.

Un estudio realizado por el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid señala que el deterioro cognitivo es una comorbilidad común entre las víctimas mortales del COVID-19 y revela que el 30% de los pacientes fallecidos durante el mes de marzo en ese hospital, tras ser diagnosticados de coronavirus, sufrían dicho deterioro. 

Por otro lado, la residencia Ballesol Salvador Allende de Zaragoza ha analizado el desarrollo de los residentes con alzhéimer que se han contagiado y aseguran que "hasta un 67% de los enfermos" con ese trastorno "empeoran a nivel cognitivo y/o funcional a los cuatro meses de superar el COVID".

La doctora María Pilar Peláez, médico en ese centro de mayores, apunta además que en el ámbito residencial este tipo de pacientes "tienen menos posibilidades de beneficiarse de un ingreso hospitalario" porque conlleva riesgos asociados como la confusión o la desorientación. 

"Les puede resultar difícil entender por qué se encuentran en un lugar desconocido; la ausencia de visitas de sus familiares y la dificultad para comunicarse o para seguir las instrucciones y medidas de seguridad pueden agravar los síntomas de la demencia”, agrega la doctora. 

Aislamiento y visitas restringidas en residencias

Ese aislamiento al que se alude la doctora ya lo sufren, aunque de manera distinta, los ancianos que viven en las residencias que han cerrado sus puertas y prohibido las visitas tras haber detectado algún caso de COVID. También, quienes tienen que conformarse ahora con un encuentro semanal que se lleva a cabo en unas condiciones difíciles: distancia de seguridad, mamparas y mascarillas.

"A estas personas el no tener contacto con la gente que ha formado parte de su vida los desconecta de su identidad. Ellos necesitan mantener la línea de su historia vital estable y haberla interrumpido hace que pierdan sentido de vida porque lo único que les mantiene anclados a la realidad es el contacto con sus familiares", explica la psicóloga Ana Vázquez, quien subraya que, en esos casos, lo que sienten los residentes es "abandono", "miedo" e "indefensión".

El no tener contacto con la gente que ha formado parte de su vida los desconecta de su identidad

Desde CEAFA, ven imprescindible mejorar la situación de las residencias para que puedan garantizar “la dignidad y los derechos de estos enfermos” y revisar "un sistema de cuidados que ha manifestado enormes debilidades”.

Por si fuera poco, las asociaciones que ayudan a las familias han tenido que cesar su actividad presencial en los últimos meses, lo que supone que “200.000 familias", según datos de FAE, han dejado de recibir los servicios especializados presenciales y los cuidados que ofrecen estas entidades.

Mientras la situación no mejore, lo que esta fundación aconseja a las familias es respetar las horas de comida y los ciclos de sueño. Así habrá más probabilidad de reducir el conjunto de síntomas neuropsiquiátricos que puedan darse.

"Además, es muy recomendable que las personas con alzhéimer realicen actividades manuales y motoras, ya que ayudan a mantener su bienestar físico y emocional, así como a calmar la posible irritabilidad y/o agitación. Estas deben ser actividades significativas y no infantilizantes, como oír música relajante o participar en pequeñas tareas, como doblar la ropa, ayudar con la limpieza, poner la mesa, etc.", indica Andrés Navarro, neuropsicólogo de esa fundación desde la que ofrecen asesoramiento, consuelo y apoyo telefónico o digital.

Los enfermos y sus cuidadores, “víctimas olvidadas” de la crisis

La dificultad para acceder a los centros de salud y a los médicos especialistas, la cancelación de consultas médicas –en algunos casos, las de tipo presencial— y la interrupción de ensayos clínicos en pacientes también ha hecho que empeore la situación de los enfermos y, por consiguiente, la calidad de vida de los cuidadores.

“La pandemia ha afectado gravísimamente a la persona cuidadora, que además va a tener que conciliar el cuidado de su familiar con otros aspectos de su vida. También va a agravarse el impacto económico dentro de las familias, respecto al preexistente”, señala Cantabrana. 

En palabras del Dr. Pérez, “el paciente con enfermedad de Alzheimer y su cuidador son las víctimas olvidadas de esta crisis” y cree que “es responsabilidad de todos” evitar el olvido de pacientes “crónicos y frágiles” como ellos.

Ante la falta de accesibilidad a los servicios sanitarios, se torna imprescindible, recalcan, ofrecer a estas familias soluciones que les permitan seguir atendiendo a los enfermos sin que esto les provoque mayor perjuicio a nivel emocional o económico. 

Un reciente descubrimiento podría ayudar a encontrar tratamiento 

Frente a tantas evidencias negativas, la única noticia esperanzadora relacionada con el alzhéimer que se ha conocido recientemente llegó el pasado viernes desde Alicante. 

Científicos del Instituto de Neurociencias de esa provincia (CSIC-UMH) han descubierto una nueva alteración en el cerebro de las personas con ese trastorno que abre la posibilidad de hallar a corto plazo un buen biomarcador diagnóstico y a largo plazo una intervención terapéutica. 

A pesar de los importantes avances en investigación de los últimos años, la etiopatogenia de la enfermedad de Alzheimer sigue sin estar del todo aclarada y una de las cuestiones clave es descifrar por qué en el cerebro de estos pacientes aumenta la producción de beta amiloide, la proteína que produce el efecto tóxico y que desencadena la patología.

En el laboratorio de ese Instituto han llevado a cabo una novedoso estudio que, asegura el responsable del grupo de investigación, Javier Sáez-Valero, arroja información relevante que podría ayudar a prevenir o frenar la enfermedad. 

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