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Álex Palou, un trotamundos en la aristocracia de la IndyCar

Para bien o para mal, Álex Palou (Barcelona, 1997) ha tenido que convivir con la definición que hace unos años dio de él el recordado Adrián Campos: «Para mí, los dos mejores son Fernando Alonso y Antonio García, y Palou es una mezcla de ambos. Tiene la madurez de Fernando y la cabeza de Antonio». Semejante halago no era gratuito, sino que venía acompañado de un contrato para que el joven piloto dejara el kárting y diera el salto a los monoplazas. Se le abría un futuro esperanzador mientras su nombre empezaba a sonar como la gran promesa del automovilismo español que volaba rumbo a la Fórmula 1.

No ha pasado tanto tiempo de aquello, pero sucede que los sueños de uno no tienen porqué coincidir siempre con las de la mayoría. Y en la cabeza de Palou la F1 empezó a ser más un problema que otra cosa. Era una posibilidad más, claro, pero no la única. Su trayectoria posterior ha avalado esa convicción, pues Palou siempre ha priorizado sus opciones de ganar carreras y pelear por campeonatos antes que empeñarse en un camino incierto hasta el extremo, donde las grandes sumas de un dinero que no tenía jugaban un papel imprescindible.

Por todo eso, Palou no titubeó hace tres años cuando le surgió la oportunidad de continuar su carrera en Japón, visto que en Europa se le cerraban todas las puertas. Allí se labró una buena reputación y convenció a los mandamases de Honda, que vieron en él a un buen candidato para brillar en Estados Unidos, donde el fabricante japonés sigue teniendo sus mayores intereses deportivos y comerciales. Ante esa opción, a Palou sí que se le iluminó la cara, pues la opción de ir a América era una de sus fantasías más recurrentes: «Antes de poder venir ya tenía claro que uno de mis deseos era vivir en Estados Unidos, ya fuera como piloto profesional o trabajando en otra cosa», explica Palou a ABC desde su residencia en Indianápolis y a pocas horas de estrenar la nueva temporada de la IndyCar en el circuito de Barber. «Supongo que es algo que le pasa a mucha gente, tal vez por lo que vemos desde pequeños en las películas. La suerte es que lo he podido conseguir y encima juntándolo con las carreras. No puedo pedir más».

En 2020, año de la pandemia, este piloto trotamundos debutó en la que ha sido la temporada más extraña de la IndyCar enrolado en el equipo Dale Coyne Racing. Sin tiempo para habituarse a los óvalos o al estilo de vida americano hizo un podio en su tercera carrera y rozó la pole en las 500 Millas de Indianápolis. Al acabar la temporada se anunció su fichaje por el Chip Ganassi Racing, el equipo más exitoso de la categoría. «La IndyCar es bastante más igualada que la F1 en el sentido de que siempre hay tres o cuatro equipos muy parejos, y cada uno de ellos tiene tres o cuatro coches. Eso hace que, como mínimo, haya diez o doce pilotos con opciones de ganar en cada carrera».

Dos mitos

Palou compartirá equipo con dos leyendas del automovilismo estadounidense. La primera de ellas es Scott Dixon, vigente campeón de la IndyCar, que con el título conseguido el año pasado suma ya seis coronas, más que ningún otro piloto en la historia. «Tiene 40 años, lleva 20 corriendo y tiene la misma ambición que el primer día. Es el Lewis Hamilton de nuestra categoría, el gran jefe».

Jimmie Johnson es el otro mito que compartirá garaje con Palou. «Es una referencia en la Nascar, donde ha ganado siete campeonatos, y este año ha decidido dar el salto a los monoplazas. Asume un gran riesgo en su carrera y eso dice mucho de él, porque pasará de ser el gran dominador a un simple rookie». El sueco Marcus Ericcson, que corrió durante cinco años en la Fórmula 1 en Caterham y Sauber, cierra el extraordinario plantel. «Yo soy bastante más joven que todos ellos y no puedo estar más orgulloso de tenerlos como compañeros», cuenta Palou. «De los campeones se aprende siempre. No solo por cómo pilotan, sino también por su forma de gestionar las carreras, de cómo se comunican con los ingenieros...».

Sobre sus opciones en el campeonato dice tener un buen ‘feeling’, aunque no se pone un objetivo concreto: «El equipo no me lo ha pedido, y en realidad es muy difícil marcarse metas. Hay 17 carreras y pasará de todo, lugares en los que vayamos muy bien y otros en los que sufriremos más». Dicho esto, tiene claro que habrá alguna oportunidad para estrenar su casillero de victorias: «Claro que pienso en ganar. Tengo un coche muy competitivo y las herramientas necesarias para lograrlo. Me veo capacitado. Está en mi mano».

Con la misma rotundidad, Palou asegura que descarta por completo un regreso a Europa o a la F1: «No tengo ninguna gana de volver. Es más, cada vez somos más los que disfrutamos de este ambiente y de este tipo de competición. En la IndyCar no solo luchas contra tu compañero de equipo ni te ves limitado por un presupuesto. Yo me quedo aquí».

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