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¿A dónde van a parar las donaciones de los profesionales del fútbol?

Si la historia de Juan Mata te ha hecho pensar y tú también quieres ayudar a esta causa para cambiar el mundo

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“Parece ser que se podía vivir sin fútbol”. Estas ocho palabras proyectadas sobre la fachada de un bloque de pisos durante el confinamiento despertaron la polémica, pero también la reflexión. Muchos comentaban que, por supuesto, podemos vivir sin fútbol, al igual que podemos vivir sin teatros, sin conciertos, sin museos o sin charlas entre amigos alrededor de la mesa de un bar. Cada cual echa de más o de menos según sus propias preferencias. Menos la salud, nada parece indispensable. Pero faltaban elementos con los que poder dar el paso desde el sobrevivir al vivir, los ingredientes para sentir ese algo indescriptible fluyendo por las venas al compartir momentos vividos al unísono en sociedad.

Quienes opinan que una vida sin fútbol no es del todo vida hablan de esa parte que va más allá de los envoltorios, el sensacionalismo y el espectáculo, la que se opone al individualismo y no suele ocupar titulares. Es la parte que en muchas ocasiones queda eclipsada por las escandalosas cifras de una industria que mueve más de 50 millones de euros al año: la parte del fútbol que ilusiona y hace vibrar, la que orbita sobre un centro llamado trabajo en equipo, la que construye un sentido de unión y pertenencia, la que realmente puede tener la capacidad de crear un impacto positivo en la vida de las personas. Es el lado del fútbol que Juan Mata lleva años impulsando a través de Common Goal y que hace del fútbol no solo un deporte, sino también una valiosa herramienta para construir un futuro basado en el bien común.

En este nuevo escenario marcado por la crisis, surge la oportunidad de transformar la industria del fútbol centrando cuestiones que desde la organización llevan años impulsando: ¿cómo transformar la pasión que despierta el deporte rey en cambios positivos para el total de la sociedad? “Parece ser que se podía vivir sin fútbol”, pero quizá, no podamos vivir sin las emociones que nos permitan sentirnos más unidos y humanos, ni mucho menos, sin quienes ayuden a otras personas, especialmente cuando millones de ellas se encuentran en una situación de especial desventaja para afrontar una crisis. Y esas personas que ayudan, a veces también pueden ser los futbolistas.

Un objetivo común para el mundo entero

“Nos estamos dando cuenta ahora de lo mucho que dependemos los unos de los otros. Solo lograremos vencer al coronavirus y a los siguientes desafíos a los que nos enfrentamos como sociedad uniendo esfuerzos y trabajando en equipo (…) Juntos haremos que el fútbol tenga un papel clave en superar los mayores desafíos que sufrimos como humanidad”, declaraba Juan Mata hace unas semanas. Mientras el mundo entero observaba la expansión de un nuevo reto compartido, muchos profesionales del fútbol también empezaron a reflexionar en esta dirección.

“El fútbol, si no es para la gente y para aportar, ¿para qué se está haciendo?”, dice Jürgen Griesbeck

La importancia del para qué

Un equipo contra la desigualdad.
Un equipo contra la desigualdad.

Lo que se ha venido perdiendo, no solo en el fútbol, sino también en otro tipo de industrias y empresas, es el foco en el para qué: ¿para qué estamos haciendo las cosas? Si perdemos de vista el planeta y la gente… ¿para qué? Y en ese sentido, también en el fútbol, si no es para la gente y para aportar, ¿para qué se está haciendo?”, se pregunta Jürgen Griesbeck, cofundador junto a Juan Mata de Common Goal. En su opinión, “ahora se puede aprovechar que hay cierta humildad y cierto nivel de reflexión acerca del desarrollo del fútbol como producto comercial para replantear su desarrollo a futuro, para que, como industria, sea más resiliente y, en relación con las personas, más honesto, relevante y vinculado” apunta el alemán.

De lo importante a lo urgente

Como cofundador de este movimiento global llamado Common Goal, Juan Mata puede considerarse como el capitán del equipo, mientras que Griesbeck sería algo así como el director técnico y el CEO, pero son muchos más los que forman parte de este equipo de galácticos solidarios: el jugador del Bayern Serge Gnabry; la atlética Amanda Sampedro; la mediática Megan Rapinoe; el entrenador Jürgen Klopp… De forma individual, ya son 150 los futbolistas y profesionales que donan un mínimo del 1% de su sueldo para la consecución de un mismo objetivo: utilizar el poder del fútbol como herramienta para aliviar las desigualdades.

“Los futbolistas tenemos muchas facilidades, pero no debemos dejar de pensar en todo aquello que no es material”, apunta Bruno Iglesias

Bruno Iglesias, centrocampista del equipo juvenil del Real Madrid e internacional sub-17 con la selección española, se convirtió durante la pandemia en el miembro más joven del movimiento y el primer futbolista del Real Madrid en unirse a Common Goal. Parte de su salario está financiando el Fondo de Respuesta Covid-19, que utiliza la red ya establecida por la organización para hacer llegar ayuda a más de 200 comunidades en 90 países y a más de dos millones de personas a través de 27 organizaciones.

En Common Goal no han tenido que inventar nada nuevo ante la emergencia, sino que simplemente han utilizado el mecanismo que ya habían construido para llevar la ayuda a donde más se necesita: “un sistema simple, eficiente, transparente, democrático, que invita a todo el mundo a participar en un mismo objetivo compartido”. Llevan años trabajando con organizaciones locales que velan por el desarrollo de proyectos orientados a utilizar el fútbol como canal para erradicar la violencia, para abrir puertas hacia la educación y mejorar la situación socioeconómica de niños y jóvenes teniendo muy presente la necesidad de la perspectiva de género.

Sin embargo, a los desafíos ya existentes, se les suma ahora una amenaza que agranda la brecha de la desigualdad, por lo que esas estructuras están sirviendo para cubrir necesidades tan básicas como que los niños de los asentamientos informales de Kibera (Nairobi) tengan acceso al agua (indispensable para cumplir con las medidas de higiene), que las familias de India reciban alimentos y productos de primera necesidad, o que las comunidades que habitan en asentamientos informales en Latinoamérica conozcan cómo prevenir contagios teniendo acceso a materiales de protección.

Punto de acceso a agua instalado en Uganda por la ONG Watoto Wasoka gracias a los fondos recogidos por Common Goal.
Punto de acceso a agua instalado en Uganda por la ONG Watoto Wasoka gracias a los fondos recogidos por Common Goal.

Más que máquinas de resultados

Puede que el 1% de un salario resulte una cantidad ínfima si tenemos en cuenta los sueldos de los futbolistas mejor pagados, pero tanto Jürgen como Mata insisten en que también es la forma de crear un sistema verdaderamente democrático donde cualquiera pueda participar. Para el jugador del Manchester, esa donación “más que un acto de caridad, es un acto de humanidad”; una demostración de ese ánimo por empezar a cambiar las cosas sumando granitos de arena. “Ha habido muchos jugadores y jugadoras que se han unido al proyecto sin tener grandes salarios, y eso hay que destacarlo. Mucha gente se centra en los futbolistas que no se han unido al proyecto y eso no es justo para quienes sí lo han hecho”, comenta el jugador del Manchester. En esta línea, cabe destacar que a pesar de la abismal brecha salarial que aún sufren las deportistas femeninas, de los 150 miembros de Common Goal que son jugadores profesionales o entrenadores, 78 son mujeres y 72 hombres.

“La idea de que podemos intentar cambiar las cosas y equilibrar la sociedad me da energía para no darme por vencido”, cuenta Juan Mata

Conoce a algunos de los deportistas de élite que se han sumado a la causa Common Goal

¿Por qué las futbolistas forman más del 50% del equipo? Según Griesbeck tiene mucho que ver con la burbuja que se construye alrededor de los jugadores masculinos y a la que Mata ha hecho referencia en repetidas entrevistas: “En el caso de las mujeres, el fútbol se convierte en parte de su vida, pero no a costa de todo lo demás, porque no se les permite. Tienen que luchar para que se aproxime su reconocimiento financiero y no pueden olvidarse de lo que ocurre fuera de la cancha, mientras que en el fútbol masculino ocurre lo contrario: se crea una burbuja y el mismo sistema empuja a cierto aislamiento”.

En relación con este efecto, más allá de las donaciones, Common Goal conecta a los profesionales con la realidad, haciéndoles útiles más allá del campo de juego y “rompiendo la burbuja” que impone la industria. Buen ejemplo de ello es la iniciativa Live Match de la que pudimos disfrutar durante la cuarentena. El propio Mata fue el que dio comienzo a este nuevo formato de partido virtual, reuniéndose con figuras como Pau Gasol, Mats Hummels o Amanda Sampedro para convertir los 90 minutos que dura un partido en minutos de inspiración con los que apoyar soluciones colectivas frente a la crisis.

Juan Mata tras un partido de fútbol en Mumbái organizado por la Fundación Oskar, a la que dirige parte de su sueldo.
Juan Mata tras un partido de fútbol en Mumbái organizado por la Fundación Oskar, a la que dirige parte de su sueldo.

Tanto Griesbeck como Juan Mata y los 150 profesionales que ya se han unido al movimiento son conscientes del poder del fútbol como fenómeno social colectivo y ya han empezado a poner baldosas para construir un nuevo camino, ya no a pesar de la industria, sino en parte, gracias a ella. “La idea de que podemos intentar cambiar las cosas y equilibrar la sociedad me da energía para no darme por vencido”, comenta Mata. Los grandes equipos se crecen con la adversidad y quizá, dentro de poco gracias a Common Goal, al decir la palabra fútbol no pensemos en espectáculo, dinero ni victorias, sino en trabajo en equipo, solidaridad y humanidad para afrontar los grandes desafíos de nuestro tiempo.

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Contenido adaptado del vídeo de Juan Mata

El mundo del fútbol mueve 50.000 millones de euros al año. Juan Mata es jugador del Manchester United y cofundador de Common Goal, un movimiento que recauda el 1% del sueldo de futbolistas y entrenadores para financiar proyectos sociales.

Mi vida siempre ha estado ligada al fútbol como no podía ser de otra manera teniendo un padre futbolista profesional.

Desde que tengo memoria estaba dándole patadas a un balón con mi hermana en casa, respirando fútbol.

Sí que es cierto que, gracias a mi familia, desde pequeño han hablado conmigo y me han dicho los valores que ellos creían positivos. Siempre se ha instalado una idea, más que de competitividad, de cooperación.

Yo creo que en el fútbol se pueden recoger muchos valores de compañerismo, de respetar a tus compañeros y a tus rivales, y muchos otros valores que han tenido un gran impacto en mi vida.

Common Goal se trata de un movimiento en el que tratamos de unir los dos mundos del fútbol que creo que existen hoy en día. El mundo de fútbol profesional, que es el que todos nosotros conocemos con el mundo de fútbol más importante, que es el mundo del fútbol para el desarrollo.

El propósito de Common Goal es que, a través del 1% de nuestros salarios, crear un sistema que utilice también la capacidad económica del fútbol para reinvertir en el fútbol, pero en este caso en un fútbol social para que el fútbol, de verdad, se convierta en esa fuerza que puede cambiar el mundo para mejor.

Lo que Common Goal trata de hacer es que el proceso entre la persona que quiere participar y la persona que quiere donar el 1% de su salario tenga la facilidad y la seguridad de hacerlo de una manera eficiente, transparente y realmente saber la repercusión que está teniendo con su donación.

Esa persona puede elegir la organización que quiera dependiendo del país en el que viva, si está más identificado con la igualdad de género, con tratar de acabar con la pobreza totalmente…

Es una donación personalizada, una donación sencilla y una donación eficiente. Yo creo que es algo muy importante para utilizar Common Goal como medio para ayudar.

Se puede colaborar con el movimiento de la forma que prácticamente uno quiera.

Y si uno no puede colaborar de manera económica también puede colaborar con tiempo, siendo voluntario o voluntaria en las organizaciones con las que trabajamos, puede colaborar dando el movimiento a conocer en redes sociales...

Es decir, que la colaboración y la unión con el movimiento no simplemente tiene que ser de manera económica.

Yo creo que donar el 1% más que un acto de caridad es un acto de humanidad. Ya somos más de 130 miembros.

Mi 1% no va a ayudar demasiado, pero el 1% de cada uno de nosotros puede ayudar muchísimo.

Este contenido ha sido elaborado por Yoigo.

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