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Spain

25 ayudantes, Rodrigo, Mendes, Rafinha... Las claves de la crisis del Valencia

Lim despide a Marcelino a pocos dias del estreno en Champions y contrata a Celades, con el que se vio estos días en Singapur

GRAFCVA7318. VALENCIA.- El presidente del Valencia Club de Fútbol,...
Anil Murthy posa junto al nuevo entrenador del Valencia, Albert Celades EFE

Nadie lo sabía, pero Marcelino García Toral estaba sentenciado desde hace días. Albert Celades ya había viajado a Singapur para recibir de manos del dueño del Valencia las riendas de un equipo campeón de la Copa del Rey, a punto de volver a la Champions por segundo año consecutivo y, que en cambio, iba a sufrir una conmoción. Peter Lim lo tenía todo planeado. Entre el propietario y su entrenador se había abierto un abismo insalvable que ayer se concretó en un despido fulminante. Lim se cobró la cabeza de un rebelde.

Es el final, abrupto, de una historia con muchas aristas. Marcelino llegó al Valencia junto al director general, Mateu Alemany, cuando Meriton, la empresa de Lim propietaria del club, lo tenía todo perdido (2017). Ambos impusieron cordura en el área deportiva, rentabilizaron la plantilla -consiguieron la mejor versión de Parejo y de Rodrigo, entre otros- y devolvieron el club a la Liga de Campeones convenciendo a jugadores para que se enrolaran en el Valencia.

El empresario cumplió también con su parte y les dejó reorganizar toda la parcela técnica, de la que quedó fuera su socio y amigo Jorge Mendes. Pablo Longoria (hombre cercano al entrenador) llegó desde la Juventus para ser el secretario técnico y el propio Marcelino amplió su cuerpo técnico hasta los 25 ayudantes, incluidos su hijo y el de su segundo. Como guinda, lejos de vender a jugadores importantes, Guedes llegó al Valencia comprado por el propio Peter Lim.

Ni siquiera el mal inicio de la pasada temporada les restó crédito, porque el empresario tuvo con el proyecto de Marcelino la paciencia que Alemany le exigía. Y el tándem salió victorioso. Tanto que empezó a ser peligroso y estar estrechamente vigilado por la propiedad. La Copa del Rey, que el propietario ni siquiera celebró con sus jugadores en Sevilla, y la cuarta plaza le hicieron sentir a Marcelino como un manager a la inglesa, con capacidad de decisión casi absoluta. La plantilla estaba con él, la grada le idolatraba, con el director general había una sintonía extraordinaria y el dueño parecía satisfecho, porque el objetivo se había logrado. Pero esa fuerza era ficticia y apenas le duró un mes.

Rodrigo, Rafinha y la confección de la plantilla

Con la planificación de la temporada comenzaron los nubarrones. Ya se veían con recelo las contrataciones de Sobrino en diciembre o jugadores como Jason, Jorge Sanz o Manu Vallejo, lejos del nivel de la plantilla del Valencia y por debajo de canteranos como Kangin Lee o Ferran Torres, cuyas salidas fueron frenadas por la propiedad en contra del criterio del banquillo.

Pero el primer gran revés, a principios de este mismo verano, fue la negativa a fichar a Rafinha ante la desconfianza del propio Lim por su historial de lesiones, algo que dejaba al técnico sin el «jugador ofensivo polivalente» que quería y que abrió una crisis que acabó cerrada en falso con un cambio de modelo: el propietario se iba a involucrar en la confección de la plantilla.

Apenas una semana después estalló el desafío que Lim no ha olvidado. El acuerdo con el Atlético para la venta de Rodrigo por 60 millones provocó duras palabras de Marcelino que la propiedad fue apuntando. «Somos un equipo con Rodrigo y otro sin Rodrigo. Para cumplir con la obligación de jugar la Champions, hay que potenciar al equipo. Si se debilita, la Champions no puede ser una obligación. La forma de actuar si se va nos dirá hacia dónde vamos», dijo Marcelino. «No me consta que estemos completamente preparados para la marcha de Rodrigo», añadió días después, para acabar lanzando un directo a Singapur: «Sólo los cangrejos corren hacia atrás». Estos mensajes han sido interpretados como el intento por torpedear una operación que reportaba 60 millones y una suculenta comisión a Mendes.

Si la destitución no se produjo entonces fue porque, con el mercado abierto, el jarro de agua fría que suponía el despido de Marcelino podría haber provocado también la salida de algunos jugadores. Porque del proyecto de hace dos temporada sólo queda un debilitado Mateu Alemany, a quien una cláusula le impide presentar su dimisión sin verse obligado a indemnizar.

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