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'Servant', crónica de una hipnótica angustia

Se esperaba el regreso de M. Night Shyamalan. Y de Lauren Ambrose, para que mentir. Y mucho más si es Lauren Ambrose brillando con luz propia. Porque la inolvidable Claire Fisher ha hecho muchas cosas desde aquel trayecto en coche en la despedida de 'A dos metros bajo tierra' pero no habíamos vuelto a colocar un poster suyo en la habitación desde entonces. Su personaje es el elemento central de 'Servant', una serie que, excepto la comedia, toca casi todos los palos: el drama, la intriga, los tintes fantásticos e incluso el surrealismo.

Acostumbrados a las series que tardan en arrancar escudándose en esa estúpida idea de «los primeros capítulos son para presentar a los personajes», aquí todo empieza de golpe, en el segundo plano de la primera escena. Llaman al timbre. Ha llegado la niñera (Nell Tiger Free) a casa del matrimonio Turner, Dorothy y Sean (Lauren Ambrose y Toby Kebbell). La pareja acaba de perder a su bebé (o no) aunque Dorothy se niega a asumirlo. De hecho, la tarea de la nueva 'sirvienta' será, en realidad, cuidar de un bebé-muñeco, de esos conseguidos con el máximo realismo. «No sé cuánto tiempo tenemos que mantener esta farsa», asegura el protagonista masculino. Todo gira en torno a la desconcertante Dorothy. Con sus miradas y silencios hipnóticos cargados de ambigüedad. Sus ojos son una mezcla de inquietud, dolor y trauma.

'Servant' tiene dos factores a su favor. El primero, demostrar que los thriller axfisiantes se pueden contar en capítulos de media hora. El segundo, la belleza de planos abiertos en prácticamente solo un escenario: la lujosa mansión de los Kebbell, donde se desarrolla la mayor parte de la trama. Un suntuosa casa que, gracias al gran ejercicio de dirección, consigue traslasdar una sensación claustrofóbica donde no hace falta la interacción entre los personajes para palpar la tensión. Aunque M. Night Shyamalan solo se pone a los mandos del primer capítulo, el juego de cámaras es constante durante los diez episodios. Un juego fílmico consistente en invadir el espacio personal de los personajes mediante tomas prolongadas. El reto era mayor -solo cuatro paredes- que en su último paso por la televisión, donde tenía un pueblo entero a su disposición: 'Wayward Pines'.

Las cosas van de mal en peor según avanza la primera temporada. El carrusel de emociones se entremezcla con el terror y el misterio. Un solo primer plano de Lauren Ambrose es capaz de captar una energía maníaca que resulta desconcertante. Tanto o más que la misma niñera de la familia. El terror doméstico se apodera de 'Servant', de la que, por otra parte, cuesta ver cómo su narrativa puede prolongarse más allá de un par de temporadas. No es una serie plácida, solo apta para espectadores inquietos con un punto de sufrimiento masoquista.

'Servant' quizá no sea la serie del año pero si un ejercicio televisivo diferente (y corto) que acude a una hipnótica atmósfera para retorcer un argumento que, en ningún caso, pierde su personalidad propia. Cuando se cuece a fuego lento todo sabe mucho mejor.

La primera temporada completa de 'Servant' está disponible en Apple TV desde el 28 de noviembre de 2019.